El día del libro no existe

El día del libro no existe

Feria-Libro-2014No existe día del libro en Cantabria, si acaso existe el día de las librerías comerciales. A pesar del discurso mediático anual sobre los libros (más lleno de frases hechas que de buena escritura), no existe día del libro. Ni día, ni mes, ni año.

El libro necesita de cuidados, como todo contenido creativo, como casi todo lo que está en peligro de extinción. No todos los libros, que generalizar en este caso es como en cualquier campo de la vida: una injusticia. Siempre habrá buen clima para los libros de fácil autoayuda, para los best sellers empujados desde los suplementos ‘literarios’, para los libros editados por el poder sean leídos o no (que esa no es su función). Los libros que necesitan cuidados son los de contenido valiente, los de narrativa atrevida, los de poesía lejana a los salones del poder y los premios, los de ensayo crítico, los inclasificables. Los libros que necesitan cuidados son aquellos que contienen la semilla de lo que podemos ser, no los que constatan la triste fotografía de lo que somos.

Los libros deben ser abonados en las bibliotecas y en las escuelas, deben ser esparcidos en universidades y centros sociales, deben entregarse con generosidad a colectivos, tiene que llegar a los pueblos remotos donde llega antes la televisión bajo demanda que un ejemplar del Manual Práctico de la Vida Autosuficiente de Seymour.

La realidad es otra. El alcalde de Santander, la ciudad “cultural”, gasta el dinero en editar libros para ayudar en el negocio a los libreros pero no alimenta el pírrico presupuesto de las bibliotecas, promete un barrio cultural pero sólo sabe conjugar en inglés: tax free city, Santander brain city, Smart city y otras lindezas que se disparan entre promesas de grandes centros culturales que chupan millones de euros mientras las ayudas a la creación y a la difusión son tan escasas como bien publicitadas. El alcalde de Santander ha dejado que muera una gran idea (la Feria del Libro Independiente de Cantabria –FLIC-) para no interferir en la guerra muerte entre los libreros tradicionales y las otras formas de entender la edición y la lectura. Es más fácil apoyar a un gremio que no es transparente pero que no molesta que buscar nuevos espacios donde la bibliodiversidad se desarrolle y muestre en todo su vigor.

Cantabria, como comunidad autónoma, no tiene una política del libro y las bibliotecas de los municipios sobreviven por la heroica actitud de unos funcionarios que creen en su trabajo a pesar de la precariedad con la que lo ejercen.

No hay nada que celebrar en el Día del Libro, al menos no por parte de las gentes que están en el eslabón independiente de esta cadena fría que las instituciones maltratan. El Día del Libro le cuesta dinero a la administración porque se financia una feria del libro para beneficio de unos cuantos negocios que ofrecen la nada a cambio de un 10% de descuento y de dos libros de regalo pagados con el dinero de los que se ahorran el 10%. La feria del libro da una imagen de homogeneidad que no se corresponde con la blibliodiversidad existente en Cantabria y en el resto del Estado.

Nosotras sólo queremos recordar hoy a los autores y autoras que deben trabajar de oficinistas o en una fábrica para seguir comiendo, a los editores independientes que siguen alimentándose de su creencia sin grietas en la tarea que emprenden en medio de un desierto cultural como el que vivimos, a los libreros que no viven en los cenáculos del poder político y mediático sino en el compromiso militante con las necesidades de sus lectores, a los lectores que saben discernir entre negocio y ocio, entre calidad y cantidad, entre fuegos de artificio y trabajo serio. A todos ellos, nuestro ánimo y nuestro renovado compromiso con la creación y la cultura crítica. No existe el día del libro pero, por suerte, existen cientos de libros que alimentan nuestros anhelos y echan a volar nuestra imaginación. ¡Vivan los libros vivos!



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