¿Qué somos?

La Vorágine es un proceso mutante que nació antes de existir y que existe desde el 23 de abril del año 2013. La propia definición de lo que somos ha ido cambiando, matizándose, turbándose, porque un proceso colectivo y político no puede ser lineal si quiere evitar el dogmatismo o el ombliguismo (que no es más que un dogmatismo centrado en el estómago propio).

La Vorágine es un colectivo que anhela subvertir el orden en el que ha nacido y al que trata de sobrevivir. Conscientes de que no hay atajos y que jugamos en cancha ajena –la de la indolencia individualista- trabajamos en lo invisible y nos conocéis desde lo visible. Nacimos en un espacio-cueva en la Calle Cisneros número 15 de Santander. Podría haber sido otro lugar, pero este nos eligió. Así que allí reside una librería asociativa que es a veces un centro cultural, otras parece un espacio de agitación, algunas es un lugar de activismo y, otras puede parecer una posibilidad de cambio, de construcción de otros muchos mundos posibles.

La librería –y todo lo que hacemos- tiene un sesgo claro: la cultura crítica, la capacidad de hacer preguntas y dudar de lo que se nos presenta como “lo normal”, “lo natural”, “lo conveniente”.

Nos define más lo que no somos que lo que somos, porque quizá todavía nos falte mucho para poder imaginarnos diferentes a lo que nos han dicho que es ser. No somos capitalistas, aunque vivamos con su lodo hasta el cuello; no somos patriarcales, aunque nuestros músculos y tendones se muevan muchas veces a ese ritmo; no somos colonialistas, aunque hayamos nacido con el privilegio de la blanquitud; no somos racionalistas, porque el sentipensar nos proporciona una vida más completa, aunque al principio parezca más incómoda…

Lo mejor es que vengas y dudes con nosotras y que nos ayudes a seguir soñando lo que podríamos ser si fuéramos capaces de romper con todo aquello que nos hace daño.

¿Cómo funcionamos?

Un proyecto asociativo sólo tiene sentido si forma parte de una comunidad. Alimentar, cuidar y multiplicar esa comunidad ha sido una tarea incesante desde el primer día de existencia de La Vorágine.

Hay muchas tareas para lograr que La Vorágine funcione: el inmenso trabajo interno del colectivo que no es visible, preparar y producir la programación, gestionar la librería, provocar y mantener  las redes de colaboración, desarrollar proyectos específicos, atender a las personas aliadas, limpiar, cuidar, leer, pensar, cuidar otra vez…

Y entre todas ellas hay una un poco pesada pero que no se puede descuidar: sostener económicamente el proyecto.

El colectivo de La Vorágine cuenta con un grupo de personas voluntarias que ayudan, especialmente, en lo que tiene que ver con el Espacio de Cultura Crítica, y con un amplio número de Aliadxs que colaboran a que económicamente sea sostenible. Se trata de desmonetarizar al máximo nuestras relaciones, pero se lograr que los procesos de La Vorágine, en la medida que tengan sentido para la comunidad, no dependan de ayudas o de su éxito meramente comercial (en el caso de la librería asociativa, por ejemplo).

Convocamos a un par de asambleas completamente abiertas al año en las que puede participar cualquier personas y las que ponemos en común nuestras dudas y nuestras cuentas. La retroalimentación es fundamental para seguir caminando.

¡Ah!, se nos olvidaba: también somos una asociación sin ánimo de lucro económico (aunque buscamos otros lucros llenos de valor no monetarizado) que impulsa otros procesos, como el Instituto Crítico de Desaprendizaje o el espacio de creación Devora2.

¿Quieres conocernos?

Por 33 céntimos al día, 10 € al mes, 120 € al año. Para la viabilidad económica y política de La Vorágine necesitamos al menos 120 personas Aliadas.
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