Aladas son las voces

Aladas son las voces

Diana Saavedra. Cronista Voraz (concierto de Majoka, 15 de marzo)

Con tres voces y seis manos se teje la armonía. Sonríen cómplices los ojos porque las voces entonan a Moustaki  quien, afirma:

Viens, je suis là…

Tout est possible…

Tout est permis…

(“E temps de vivre”, Georges Moustaki: https://www.youtube.com/watch?v=RjEk0AMpI90)

Como moneda cae la frase. Cae adentro. Y con el peso de la palabra el ritmo  certifica que, como afirmaba George, “Es tiempo de vivir”. Sonreímos crédulxs e ilusionadxs, pero la persona adulta sabe que cada día que pasa nos morimos un poco.

Nos mueren los telediarios y la radio al relatar matanzas. Así, en general, sin precisar nombres, sin detallar amores ni inflexiones. La valía para el sistema está en el número, en la cifra graficada en la carpeta. Pero el trío en el escenario prefiere contar con Cohen:

“There were three of us this morning
I’m the only one this evening
But I must go on.

“The frontiers are my prison…”

Y ambos cuentan con nosotros.

But I’ve many friends…”

(“Le partisan”, Leonard Cohen: https://www.youtube.com/watch?v=–bxTVx8L8E)

Y aunque éste no es un espacio religioso, comulgamos a favor de todo exiliadx, de todx migrante porque del exilio y de la muerte todxs llevamos algo, pues cada quien tiene una pérdida, un recuerdo o un anhelo distante.

El compositor italiano Gianmaria Testa lo retrata en su letra. La metáfora hace ilusión. Y es que de poder llevar el amor en el bolsillo, lo guardaríamos ahí, para tocarlo siempre, cada vez que fuera necesario.

“Dentro la tasca di un qualunque mattino

dentro la tasca ti nasconderei

e con la mano, che non vede nessuno,

e con la mano ti accarezzerei”

(“Dentro La Tasca Di Un Qualunque Mattin”, Gianmaria Testa:

https://www.youtube.com/watch?v=F7o4HQOJY6M)

Porque el corazón se extiende. Más allá de las fronteras y del tiempo, más allá de los idiomas y los géneros el amor permanece.

Lo sabe este trío, lo sabe su amistad mantenida a lo largo de los años y con independencia de sus nacionalidades. Cantan en inglés, en francés, en italiano y en castellano porque el corazón no tiene sitio. O mejor dicho: tiene un sitio tan grande que no acepta fronteras.

El único territorio que acepta el corazón es el cuerpo y a veces no le basta (como a nosotros hoy) tamborilear los dedos, mover la cabeza o sacudir los pies.  Necesita expandirse,  huir de sí mismo, dejar de contenerse y vaciarse…

“Solté todo lo que tenía y fui feliz…

“Solté la rienda y deje pasar…

“Así que cojo impulso y a volar…”

(“Volar, lo que se dice volar”https://www.youtube.com/watch?v=MZJxpKB75JU)

Recibimos en el bolsillo los acordes. Tenemos lleno el corazón de blues, gritamos aleluyas. Alzamos la voz y aquí, residiendo esta noche en La Vorágine resistimos cantando y bailando musettes.



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