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Autor: SERGE, VICTOR
Editorial: AMARGORD
Publicado en: 2017
ISBN: 978-84-16762-63-7

Víctor Serge plasmó su experiencia en España en la novela Naissance de notre force (El nacimiento de nuestra fuerza), que publicó por primera vez en España las Ediciones Hoy (Madrid, 1931), con la traducción de Manuel Pumarega. Se trata de una de las mejores novelas proletarias del siglo veinte a la altura de Siete domingos rojos de Ramón J. Sender o La Madre de Gorki. Victor Serge se inspiró en el movimiento anarcosindicalista barcelonés y en Salvador Seguí para presentar el personaje central de la novela, el sindicalista Darío. La novela glosa el nacimiento del movimiento obrero anarcosindicalista de Barcelona y centra la narración en los días anteriores a la huelga general: ?-¿Tomaréis el poder o no? Era necesario que Darío se explicase. Ellos no eran hombres de poder. Eran libertarios. (?) El Comité sería un órgano revolucionario provisional que expresaría la voluntad de la Confederación y no un Gobierno.? El diálogo entre el joven profesor extranjero (Serge) y el sindicalista Darío (Seguí)están llenos de pensamientos filosóficos sobre la lucha que llevan a cabo los obreros contra el Capital y la burguesía con el fin inmediato del triunfo de la revolución social. La presencia de Barcelona es constante en la novela de Serge: sus calles, la Rambla, el Barrio Chino, los cafés del Paralelo, Montjuic? Serge describe el inminente auge del anarcosindicalismo y vaticina el futuro de este movimiento social. En uno de los parajes de la novela, Darío y el profesor exiliado
pasean por Montjuïc, y el primero contemplando la ciudad dice: Esta ciudad la hemos hecho los trabajadores, la burguesía nos la ha arrebatado, pero un día la conquistaremos y será nuestra. La huelga se perdió, la batalla también, pero tanto Darío como el profesor sabían que habría más batalla y que alguna vez vencerían los obreros. Así lo dejó escrito Serge en El nacimiento de nuestra fuerza: Está ciudad será tomada, si no
por nuestra manos, por lo menos por manos parecidas a las nuestras, pero más fuertes. Más fuertes acaso por haberse endurecido gracias a nuestra misma debilidad. Si somos vencidos, otros hombres, infinitamente diferentes a nosotros, infinitamente semejantes a nosotros, dentro de diez años, dentro de veinte años, no tiene ninguna verdaderamente ninguna importancia, meditando la misma conquista; pensarán tal vez en nuestra sangre. Creo verlos ya y pienso en su sangre que correrá también. Pero tomarán la ciudad.