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Autor: LEE, JOSEPH HOWARD; BONILLA, JUAN
Editorial: BIBLIOTECA DEL EXILIO
Publicado en: 2016
ISBN: 978-84-16685-73-8

La autobiografía de LoBagola es uno de esos libros en los que compiten lo que el libro cuenta y lo que oculta: siendo lo primero fascinante; no lo es menos lo segundo. LoBagola era -o decía ser- un «salvaje africano» que; con excelente inglés y capacidad oratoria magistral; anduvo durante años contando ritos; costumbres y aventuras de una tribu africana a la que nunca habían llegado los expedicionarios blancos. Su fama llevó a un editor a proponerle la composición de esta autobiografía que fue publicada con gran éxito en 1930. La autobiografía; de magnífica plasticidad; cohesiona en una misma sustancia narrativa la vida del narrador; las noticias sobre las costumbres de «los salvajes» y un examen de sus ritos. Pero por debajo de lo narrado; el tema fundamental es la mentira: «no supe mentir hasta que conocí a los blancos»; nos dice; o bien «el arte de mentir me hizo más fácil la vida». Y ello porque quien se hacía pasar por «salvaje africano» era un realidad un «chico de la calle» de Baltimore que vio en el arte de mentir; en su capacidad fabuladora; un modo de ganarse la vida llenando teatros. Su éxito fue también su perdición. Dejó como testimonio esta espléndida narración que; entre la picaresca y la fantasía; fue inmediatamente traducida a los principales idiomas; como prueba fehaciente del interés general que los asuntos de África habían cobrado en toda Europa.

Joseph Howard Lee. Bata Kindai Amgoza Ibn LoBagola; el salvaje africano supuesto autor de este libro; era en realidad Joseph Howard Lee; o así lo declaró en 1934 cuando estaba a punto de ser deportado a su supuesto lugar de nacimiento en Dahomey. Afirmaba haber nacido en 1887 en el número 620 de la calle Raberg; en Baltimore; Maryland; y ser el decimoséptimo hijo de Joseph; un cocinero; y Lucy; una empleada del hogar. Joseph Howard Lee era pues un chico de la calle que además de dedicarse a todo tipo de trapicheo se ganaba la vida como chapero. Luego consiguió trabajo como marinero y viajó por todo el mundo; incluyendo África. A su vuelta; se le ocurrió en algún momento hacerse pasar por «el salvaje africano» que podía contar en sus espectáculos -ente el cuentacuentos y el monologuista de hoy- los ritos y costumbres de una tribu de «judíos africanos» a la que nunca había llegado el hombre blanco. Su habilidad para engañar incluso a expertos en temas africanos se demostró en 1911 cuando dio una conferencia sobre lenguas y culturas africanas en el Museo de la Universidad de Penn­sylvania. Lo respaldaba Frank G. Speck; vice-conservador de Etnología general en el museo. Speck habló largo y tendido con LoBagola y lo grabó cantando «auténticas canciones de su pueblo». Sus charlas atrajeron a grandes multitudes y cosecharon buenas críticas por parte de la prensa. La revista The Bookman declaró: «aquellos que hayan oído hablar a LoBagola sabrán que es un maestro de la lengua hablada». Otra revista lo describe como «uno de los mayores oradores». Una vez descubierta y reconocida su impostura; le aguardaba una cabalgata de condenas por «perversión» y «sodomía». Los restos de quienquiera que hubiera sido se encuentran en la parcela número 29 del cementerio de Attica; actualmente el centro penitenciario de Attica; en Nueva York.