Palabra de poeta (s)

Así se sintieron algunxs de lxs poetas que pasaron por La Surada: 

Laura Sam // La Surada Poética fue uno de mis grandes descubrimientos de 2018. Quién me iba a decir que a apenas 100 km de mi casa se celebraba un festival de poesía tan completo (en todos los sentidos). Pues, tanto el trato recibido por parte de las organizadoras, los poetas invitados, el público asistente como el lugar en el que sucedió la descarga eran inmejorables. Me sentí como en casa en todo momento, tanto fuera como dentro del escenario. Deseando volver.

Begoña Abad // Pasar por La Surada ha sido descubrir cómo siguen las hebras amorosas tejiendo esa cobija en la que creo por encima de todo. Sentirme en casa y volver agradecida, ese sería el resumen.

Isabel Martín // Ir a la Surada ha sido como ir a casa (una que tiene esto roto),

lo he sabido después,

cuando desde el sur necesitaba volver y hacer por ejemplo, otro café  de miércoles en la librería….

Me la encontré en el camino

y nos hicimos hermanas

Justo ahora,

que estoy averiguando de qué está hecho realmente eso que llaman hogar,

La Surada ha sido constatar que son las personas sin duda, las que lo hacen posible cada vez.

Ha sido ponerle realidad a esa intuición de que es en la ternura cotidiana desde donde hacemos la verdadera revolución.

y en una venta,

tomando vino y más vino

a mi hermana de camino

le escuché dos o tres letras (1)

Y allí en La Surada, la hacen así, como si fuera fácil, como si todo el mundo hiciera cuidar las cosas…

tener fruta en el camerino,

o elegir el hotel más lindo donde dormir,

o buscar la cecina más exquisita,

y cuidar todo lo pequeño,

que es donde nos sostenemos,

para seguir poniéndole letras a las cosas que nos duelen y no sentirnos solas.

La Surada, ha sido una voz que me sonaba en la cabeza…’prima, qué suerte estar aquí’

y otra que resuena ahora…’qué suerte haber estado’”

(1) Cante por bulerías. Adaptación letra tema “Por primera vez” albúm Nuevo Día, Lole Montoya y Manuel Molina, Lole y Manuel 1975

Xuan Bello // Reunir a un grupo de personas para escuchar lo que tiene que decir otra siempre es muy milagroso. Si de lo que se trata es de escuchar poesía, el milagro se hace necesario como el pan de cada día. Fui muy feliz en La Surada, con los amigos de La Vorágine, y repetiría mil veces la visita. Se pueden decir muchos tópicos sobre la actividad cultural de una ciudad y yo voy a arriesgar uno que me parece sin embargo verdadero: gracias a la gente de La Surada, gracias a la Librería La Vorágine, la ciudad siguió siendo Atenas. Hablo de esa Atenas a la que aún no hemos llegado pero que tiene en la memoria a Solón y a Eurípides, a Platón y —sobre todo— a Sócrates.

Enrique Falcón // Mágico el espacio de comunidad y resistencia que generan estxs compañerxs de La Vorágine, y que –con la Surada– parece explotar en una celebración común. Logran convocar a muchos/as de quienes se sienten acompañados por la palabra poética, sabiendo que hay versos que en el sur se cocieron y hacia el sur se levantan. Hacía tiempo que no me encontraba con un público tan entregado y atento, en un entorno mimado y festivo. Os lo dije allí (toda mi gratitud por querer compartir conmigo esa fiesta de vidas vinculadas): el poder querrá tocaros, pero no; el poder querrá dañaros, pero no. Sois mis ‘seres intocables’ de Santander. Hasta allí, va mi abrazo y toda mi complicidad”.

Rosa Silverio // Participar en la Surada ha sido una experiencia maravillosa. La organización ha sido impecable y las atenciones exquisitas. En cuanto al evento, tenía mucho que no sentía la ‘electricidad’ que sentí allí. Gente honesta trabajando por la cultura, gente de todo tipo disfrutando del arte que compartimos durante de la velada. Me sorprendió la compenetración que tuvimos con el público que reaccionó de manera muy receptiva y me sorprendió la calidad de cada uno de los participantes. Desde mi punto de visto, La Surada no solo es mágica, sino que además es valiosa y grande.

Manuel Iglesias (Arrayán) // Compartir nuestra música con todos los que sienten que la poesía es una ‘arma’ cargada de futuro ha sido una experiencia maravillosa. Pero poder hacerlo junto a la gente de un barrio cuyos versos nacen puros como la respiración y como el llanto ha sido el mejor regalo para quiénes la música es encuentro y es liberación. Una vez más, La Vorágine ha vuelto a superarse.

Gema Martínez (La Mala Hierba) // Nos faltó la hoguera.

Reunidos en la cueva, llegados de todos los puntos cardinales, nos encontramos en la emoción del ritual más antiguo, compartimos el legado más lejano y persistente: la palabra y el ritmo.

Voces que nos cuentan, nos arañan o acarician, quién sabe cómo.

Notas que nos atraviesan, inquietan o mecen, quién sabe por qué.

La magia del conjuro funcionó.

Nos faltó la hoguera, pero hicimos fuego.”

Carlos Da Aira // Mi camino en la poesía ha pasado en los últimos años por darme cuenta de que importa el nosotros, no el tú, y mucho menos el yo, y mi camino a través de la Surada ha pasado por emocionarme al ver tanta gente implicada en un encuentro de poesía que exhala emoción y compromiso en cada gemido.

Gimieron los micros en las voces de lxs poetas, gimió el público que no disimulaba cuando se emocionaba al escucharlxs, y gimió y se estremecieron los cimientos de Santander cuando tanta poesía se le posó sobre las espaldas.

Nadie quedó indiferente. Menos aún yo, de lágrima y metáfora fácil, emocionado por seguir conociendo gente que invierte y biengasta lo más preciado que tenemos -el tiempo vital de cada unx- en hacer que (y digo hacer que, no intentar que) la poesía vaya cambiando el mundo.

Porque mi mundo cambia a cada uno de los pasos que doy a través de la poesía y lo que la rodea, como este último, llamado Surada Poética; y si mi mundo cambia, y yo no soy una excepción -no puedo serlo, no lo soy-, entonces cambia el mundo de más personas; y si sólo cambiase mi mundo, podría ser un sueño, pero si cambian otros mundos entonces es un hecho: la poesía, sí, ¡cambia el mundo!”.

Alicia Villares Frías // La invitación para formar parte de la Surada fue imposible de rechazar: en la mano la libertad del viento y la posibilidad de volver locos a los cuerdos, si convenimos que los cuerdos son unos locos que el sistema desmemorió. La calidez fueron La Vorágine y los poetas, doy las gracias con la nuca aún erizada. No subí sola al escenario, llevé a tantas mujeres como pude: a todas. Y les abrí la carne dejando al descubierto las brasas de la mía. En esa intimidad destapada soplamos juntas, gritamos juntas y leímos los versos finales con la emoción sostenida en una línea de pestañas. Fue un placer despeinar al público, estar del lado del aire… a mí el viento sur me da dolor de cabeza, por eso a veces estalla y salpica poemas”.

Patricia Fernández // A veces luchar cada día por resucitar lo que se empeñan en matar parece sinónimo de equivocarse. Todo alrededor, desde la escuela a la tumba se diseña para cegarnos y premiar al que pierde los ojos. Son entonces de vital importancia acciones que nos pongan en contacto, que nos permitan mirar cara a cara a otrxs a favor del reencantamiento. La Surada es un templo transparente donde nacen nuevas resistencias a favor del humano, encarnizadas batallas por el amor frente a cualquier máquina, algo parecido a vivir sin escafandra ( nos han engañado, no es necesaria pues el aire es respirable y el agua ni llega al cuello)”.

Pablo Macías // Recurrir al campo semántico del viento. Echar mano de la familia léxica de la poesía. Exprimir las nanas repletas de la cebolla de la amistad, tan riendo. Escoger los caminos gastados del verbo y uncirlos a yugo insolente de la acción. Encabritarse, piafar, malbaratar las ganas de silencio de quienes malbaratan los deseos de la voz; rendirse ante la evidencia, rebelarse con la revelación, sacarse los cuartos oscuros del bolsillo y jugárselos al rojo en los latidos arrítmicos del buen vivir. A veces, se hallan -porque alguien los crea- lugares así”.

Conrado Santamaría // ¿Quién dice miedo? ¿Quién dice desesperanza? ¿Quién dice derrota y claudicación? Mientras haya gente como la que construye espacios de vínculos, alegría y resistencia como la Surada Poética de Santander nada está perdido. Repito, nada está perdido. Quienes lo organizan con su energía, quienes participan con sus palabras, quienes asisten con su entusiasmo tendremos para siempre en nuestra memoria un ascua encendida para agarrarse y no transigir, un ascua encendida para iluminar también la penumbra con la que nos quieren ahogar, un ascua encendida por el amor, la solidaridad y la esperanza que iremos transmitiendo sin desaliento allá por donde vayamos. Muchísimas gracias por haberme permitido formar parte de esta verdad. Salud y seguimos”.

María Ángeles Pérez López // Bajar al norte para ser más sur que nunca… De Salamanca a Santander bajar, bajar letras del alfabeto para que fuera posible llegar a la Vorágine… Para que la brújula se desorientara y sobre todo, se reorientara hacia una cultura compartida y crítica. Para que los pasos perdidos pudieran reencontrarse y no nos gane (definitivamente) la Violencia… La poesía fue la temperatura de lo cercano por comunal, por hoguera y abrazo. Calidez y resistencia, ejercicio veloz de lo que une… Inolvidable Surada 2017.

Edson Velandia // Era mi primera visita a Europa. Fueron 30 días de correría, haciendo conciertos en París, Roterdam, Berlín, Viena y Barcelona. La última parada sería en Santander. Por iniciativa de Paco Gómez Nadal, viejo amigo con el que compartimos escenarios en Colombia hace más de una década, caí en la Surada poética, y ahí, luego de escuchar a los poetas invitados y a los estudiantes del taller de poesía, canté mi repertorio. Solo en la tercera canción caí en cuenta de algo que me quedará en el corazón para siempre. De los más de 20 años que tengo de andar cantando, este fue mi primer concierto ante un público en el que no había una sola persona colombiana. Lo noté porque sentía que no me entendían, que no reaccionaban a mis frases o a mis chistes o a mis sarcasmos. Descubrir que no había colombianos me motivó de otra manera, primero porque por fin, en todo el viaje, sentí que estaba lejos de casa, pues en las otras ciudades de Europa, o cuando en giras anteriores pasé por Brasil, siempre anduve con colombianos, no sentía la barrera idiomática, ni siquiera. ¿Pero sentir la barrera idiomática en España? ¿en una ciudad que se llama como se llama la región donde nací en Colombia? (¿o al contrario, mi región se llama como se llama la de España?), eso es inquietante; y segundo porque entonces debía encarar mi papel de juglar ahora sí de verdad. Allí sentí por primera vez que yo era un puente entre ese público y mi lugar de origen, que no había otro tan eficaz, porque aunque Paco conoce muy bien la Santander de Colombia, no estaba esa tarde allí para exponerlo. Yo si, y espero haber sido un buen narrador de mi realidad, haber sido emisario de un sonido y un lenguaje inédito para aquellas personas de un lugar con el que “compartimos” tantas cosas dolorosas, pero con el que nos emparentamos en otras tantas sublimes como la poesía, que si es de verdad poesía, es intraducible.

Pablo Müller // La Surada es un viento del sur por impropio perturbador, inquietante, extraordinario, una discusión al lugar hegemónico del viento del norte, algo así como decirle al mar que se esté quieto, un momento, y escuche, escuche, escuche… La Surada es ese instante mínimo de silencio, y luego la vorágine de voces, voces de cuerpos, voces de memorias, voces de instrumentos, incluso voces de voces para pedir un momento de escucha, escucha, escucha…. a la intemperie.
Juan Manuel Roca // Fui, vi y soñé, podría ser la paráfrasis de un campeador sin caballo. En ese orden de ideas fui a la III Surada en Santander y me encontré con un grupo humano fraterno y crítico a la vez, con una membresía a algo invaluable: la amistad. Vi a la poesía en traje de fatiga, sin solemnidades ni alamares echándose a la calle, Y supe que no era un simple sueño lejano pues ocurría en la vigilia.
Esos tres pasos amorosos, ir, ver y soñar, me llevaron en forma circular a encontrarme con la poesía, ese “pensamiento desinteresado” y  sin servidumbres, en un evento que ocurre muy a su antojo y a espaldas de cualquier llamado del desaliento, tan en boga en el mundo. La poesía crítica o, mejor aún, el espíritu crítico y libre siguen acá y allá andando por caminos inesperados, valga decir independientes.
Así fue para mí el ámbito cálido de La Surada.
Llegué a Cantabria, a Santander, con los ojos tranquilos que se fueron llenando de asombros.
El primer asombro: las lecturas diversas, en matices y tendencias de un grupo de poetas que no se conforma con cantar la misma tonada. También la danza contemporánea  y las lecturas experimentales. La poesía bajo el cobijo de una carpa o en un museo del mar entre fósiles de animales que  fueron nuestros parientes. Ah, y la emoción de ver un público que acude a la fiesta con el brazo dispuesto al abrazo. Todo esto me llegó como a un boxeador un segundo aire. Así que volví a mi país cargado de sueños renovados.
En lo personal, cómo olvidar que los amigos de “La Vorágine” tenían para mí la edición de uno de mis libros y, más allá del goce editorial, algo que prevalece sobre unas letras: la espontánea y generosa recepción al desconocido.
Pocas veces he sentido más entrañable afecto sin afectaciones. Entre despertar en un hotel que a la vez es un “jardín secreto” e ir a ver las pinturas en las piedras trazadas por una parentela de fantasmas; entre las largas conversaciones y el choque leve de una copa; entre los lentos paseos y una breve estación en la farmacia de un secreto dador de grajeas de libertad llamado León Felipe, se me fueron los días. Pero no se fugan los recuerdos. Me acompañan cargados de los rostros y paisajes de Cantabria.
Qué bueno que siga soplando buen viento para la poesía en esa región encantada.

Dani Rojo (Colectivo Cartón A) // Me gustan las islas. No tanto las que se encuentran solitarias en mitad de algún océano, prefiero las que se acercan a otras con ansia de convertirse en archipiélago; las que anhelan volverse península y luego vasta tierra hasta lograr el continente. Las islas son utopías en estado larvario que se unirán tarde o temprano para ser otra cosa, algo mejor. Un lugar por donde el viento pueda arremolinar a su antojo lo que el azar demande sin amenaza ni violencia. Hay fuerzas tectónicas y corrientes tozudas que retrasan el tiempo en el que isla a isla se acercarán hasta amarse por los golfos y los cabos, aferrándose al abrazo de los acantilados, rendidas a la caricia de las bahías y las playas. Hay faros y fareras también en las islas que me gustan. Se llaman por ejemplo Mariano, Enmanuel, Paco… sus faros pueden tener forma de carpa de circo, de museo marítimo, de beso en la mejilla, de mano que no tiembla, de memoria, de subsuelo. Iluminan a otras islas que quizá en la noche perdieron el rumbo o se extraviaron por un tiempo. La Surada es una de esas islas que conoce el secreto de la sal y de la mar aunque aparenta viento y vorágine. El año pasado nos invitaron a regar sus costas con palabras, versos y sonidos y allí fuimos; fuimos por un ratito archipiélago. La Surada sabe del secreto que se esconde entre la tinta de los mapas marítimos, sabe de la deriva continental, sabe de islas y geografías.

Olalla Castro // Como mujer-bala, no imagino mejor lugar para recitar que bajo una carpa de circo. Lxs amigxs de La Vorágine dieron un triple salto mortal y apostaron por un festival de riesgo que supo mirar al horizonte manteniendo los pies hundidos en el barro. Nos trataron fenomenal y consiguieron trasladar los vientos del sur a la bahía de Santander, pues yo me sentí como en casa. Participar en La Surada ha sido una experiencia maravillosa y quedo para siempre agradecida a toda buena gente que, con su trabajo y esfuerzo, hizo posible el encuentro.

Marina Oroza // El origen de un fenómeno, que culminaba con un público delante vibrando, era una amorosa Vorágine detrás. En una carpa junto al mar, La Surada sucedió porque era necesaria. Todos éramos poesía. Todos estábamos vivos. Los artistas y el público fueron generosos en la misma medida. Un honor y un placer participar, gracias a La Vorágine.

Silvi Orión // Para mí, la SURADA 2015 resultó un antes y un después a nivel personal… en especial por el propio teatro, a oscuras con público silente y respetuoso en el que me dejé llevar con la alegría de una niña que se siente cuidada y que está haciendo algo bonito con gente buena. El trato nada más llegar a Santander fue estupendo, el hotelito con terraza al desayuno una gozada (chapó a la organización, no faltó de nada sino que todo fue regalos y detallitos) y toda la gente a nuestro alrededor + lxs artistas invitadxs teníamos tantas ganas de hacer y pasarlo guay, que con mucho cariño, lo conseguimos.

David Castillo // La Surada ha sido una experiencia rupturista dentro de un territorio tan tradicionalista como es la poesía, el género de los géneros y en que acoge las primera manifestaciones literarias de la humanidad. La Surada, además, escapa de los corrillos y los cenáculos de esos poetas que sólo escriben para ellos mismos, abriéndose a la ciudadanía y a la crítica. Adelante con la iniciativa. ¡El mundo es nuestro mientras nos quede un verso!

Antonio Orihuela // Alguien gritó “¡Viva Moguer!” en la Descarga Final y a mi se me hizo extraño el grito, porque el grito, esa noche en la Surada poética, era viva Santander, o mejor aún, vivan las gentes que hacen La Vorágine, que no es otra cosa que hacernos en comunidad, en afecto, en red de vínculos sutiles, en urdimbre dulce de sentimiento y complicidades, vivan estos locos que vienen a zarandearnos para que despertemos, para que nuestra vida se extienda como promesa cumplida y como sentido de vivir entre los que aún esperan sentados que algo pase. No tengo palabras para transmitiros mi gratitud pero tengo voluntad para volver a vuestro lado siempre que así lo creáis oportuno.

Felipe Zapico // Solidaridad, trabajo comunal y con gran interés por sentir los versos y sobre todo los abrazos. Apoyo mutuo real.

Ibon Zubiela // La Surada poética ha sido un punto de encuentro para quienes nuestro el norte es el sur. Para quienes (autores y asistentes) vemos mas allá de lo inmediato y soñamos otros mundos posibles. En definitiva una conversación entre amigos que se conocían de siempre sin haberse visto nunca, es un puente para sembrar futuro. Eso ha sido para mi la Surada poética.

Mariano Calvo Haya // Aunque no sé muy bien cómo describir la poesía, siempre intuí que era posible encontrarla en todas partes, y a la vuelta de la esquina o en un golpe de viento solano. Ahí, en la calle, como un manifestante o un despedido o un desahuciado. Solamente hay que tener ojos, voluntad y corazón para descubrirla.

Y eso es lo que hicimos los entregados y los adictos, pero también los que no somos de poesías, los que no estamos preparados, los que no la entendemos, los que somos más bien de novelas, los que no tenemos tiempo para tonterías…

Maravillas del viento sur.

Ferran Aisa i Pàmpols // Santander tiene un secreto con jardín y muy cerca hay una vorágine de poetas donde ruge un viento de poesía crítica. Desde Barcelona llegué con David Castillo para participar en la Surada Poética. Y desde luego que me lo pasé de maravilla con los compañeros de La Vorágine y sobre todo recitando y alternando mi voz poética con la de David aquella misma tarde. Fue perfecta la organización en la que no faltó ni el reportaje documental que hicimos en un espacio al aire libre de Santander. Espero que la Surada Poética continúe organizando actos poéticos con el mismo entusiasmo que ha demostrado en esta última convocatoria. Salud y Poesía.

Miguel Martínez López // El viento del sur y la generosidad de La Vorágine nos han traído a Santander durante este otoño-invierno. En ráfagas de tres semanas más o menos un grupo de afortunados poetas de otras latitudes hemos ido llegando a la estupenda capital de Cantabria. A mí, ir en representación de Madrid además de un orgullo me ha supuesto un gran placer. Desde que plantamos la primera suela allí el trato ha sido exquisito, la organización, todo. El gustazo de recitar  los poemas que uno alumbró solo, tac-tac, en el ordenador de casa y hacerlo frente a un grupo de gente abierta, cariñosa, sorprendida y con ganas de dejarse sorprender por la poesía. El fenomenal ambiente de La Vorágine y todo el trabajo en favor de la cultura y de la gente que a uno le da tiempo a adivinar cuando habla un poco con sus creadores. Participar en un proyecto como éste ha sido ilusionante de norte a sur y de principio a fin. El invierno de este año, el mío y seguro que el de unos cuantos más, ha sido un poco menos invierno, gracias a La Vorágine y a todos los que lo han hecho posible.

Uberto Stabile // Abrir la Surada Poética fue como volver a tomar el pulso a mi destartalado universo poético. Compartir y ser compartido fue un ejercicio de ternura y resistencia. Ni somos polvo ni estamos solos, y entre todos los que estuvieron seguro que naceran otros sures inSurgentes.

Idoia Carramiñana //

El público toma asiento.

Sus ojos clavados en tus versos.

La voz preparada y lista

para poner los puntos

sobre íes inversas .  .  .

La crítica hecha caricia

en una librería que da abrazos.

Sopla viento sur

sin perder de vista el norte.

O quizás era al revés

en el juego de sensibilidades.

Antonio Rigo // Estar ahí fue estar en todas partes. Vi un arco iris salir del mar. Vi nacer la luz del norte. Note en los ojos de la gente que la poesía está viva y camina. Qué belleza, qué hermosura, qué lucha y fortuna la nuestra que somos capaces de ver rosas, alas, en las migas de pan o en los círculos que dejan los vasos sobre la mesa. Hemos desterrado la soledad y el silencio. Clamoríntimo: veo La Surada en el cielo con diamantes de complicidad.

Inma Luna // Una de las cosas que tengo que agradecer a la poesía es precisamente su capacidad para ser compartida. La poesía te da la oportunidad de ser entregada en el espacio cercano, de entrar en contacto íntimo con las personas que tienen la generosidad de escucharte, de cerrar de alguna forma ese recorrido que tiene el poema y que, desde mi punto de vista, va de afuera hacia adentro para ser devuelto a quienes pertenece, a quienes están ahí para recogerlo y completar su sentido. Por eso participar en la Surada Poética se convirtió en uno de esos momentos en los que la poesía cobra todo su sentido, especialmente al darme la oportunidad de recitar en un espacio en el que se respira compromiso social y se percibe la voluntad de caminar hacia otra manera de vivir en la que la cultura y la dignidad alcancen el valor imprescindible que merecen, que merecemos. Gracias siempre por contar conmigo, con nosotros, con la poesía y por todo el cariño y atenciones que recibimos en nuestra estancia en Santander.

Daniel Macías // Los recitales y encuentros poéticos suelen ser un ritual  de poetas que leen para otros poetas, lo cual es natural siendo la poesía, además de la antiquísima matriz de todas las artes, la menos pop y la más antieconómica de todas. El abundante y atentísimo público que tanto disfrutamos constituye una gigantesca anomalía de la ciudad esmeralda que solo puede deberse a una vorágine cultural, a una agitación de conciencias para la rebelión y la transcendencia, una Surada de aires calientes que dulcifican la frialdad del tardotecnocapitalismo idiotizante y deshumanizador.

Macías Berenguer Ivars // Televisión, fútbol, diazepam. Poesía, poesía, poesía o la grieta por donde la luz se escapa: Hay una ciudad con cuestas que late cultura en la sombra y sus fisuras chorrean arte. No hay que irse muy lejos aunque llueva, hay que desempañar la lupa. Es una ciudad que pertenece a la gente que cree y crea y se une y discurre y dialoga. Qué terco es el verdín que brota en las aceras –mascullan en el Paseo Pereda-. Aquí ha habido palabra para rato (eso no lo dicen). Ha sido el germen para el carraspeo, las orejas y el aplauso. La mordaza cayó ajada a los pies del atril, ¿no la has visto?, la mató un poema. Por eso a las lenguas les han salido alas y surcan con gusto el cielo. Y así llueve que llueve para que medre el verdín tupido, desobediente. El viento se alía y revuelve copetes y los paraguas – ¡qué desastre!- a la deriva, del revés. Mientras tanto otro verso se gesta y revolotea travieso.

Hay una ciudad con cuestas que late cultura en la sombra. Gracias por estos meses de Surada Poética.

Subhro Bandopadhyay // No puedo olvidar cuando José María de la Quintana me comentó sobre el ciclo y la librería La vorágine, justo al llegar le pregunté cautelosamente a Paco Gómez Nadal si el nombre de la librería singular era por la novela colombiana o por el significado de la palabra. Después de esa tarde todo fue una experiencia única para mí que me llevó hacia algunos amigos que piensan en algo integrativo y evocador. Poder formar parte de la Surada Poética es estar dentro lo integrado y evocado para regalar las nuevas tendencias de poesía a la ciudad de Santander, la ciudad, en la que Pedro Salinas creó la magnífica La voz a ti debida. Una ciudad peligrosamente bella que asombra la cabeza e impide escribir y una librería que en el medio de esta belleza crea una cierta vorágine – como bien dice el significado de la palabra pasión desenfrenada o mezcla de sentimientos muy intensos. Santander es la ciudad que vio la vorágine de Pedro Salinas, que dio luz a la trilogía inmortal de lengua castellana, ahora ve la nueva vorágine, ésta le trae las Suradas poéticas, un ciclo impar, como su gente.

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