La Vorágine es una colectiva que lleva 13 años y medio trabajando para acompañar y provocar el pensamiento crítico desde una posición situada que supone hacerlo dentro de las contradicciones del sistema que habitamos y sufrimos, conscientes de que las posiciones esencialistas son cómodas pero poco eficaces a la hora de abrir grietas en esta sólida estructura narrativa y de sometimiento material. Estamos dentro del sistema-mundo porque es desde ahí, y no desde una burbuja de consenso, desde donde pensamos que hay que resistir, residir y recibir a las y los otros.
Lo hemos hecho desde el respeto a otras militancias —a las tradicionales y a las nuevas—. Esta posición política nos ha sometido a críticas legítimas —que nos hacen movernos y (re)pensarnos—, pero también a ataques que han tratado de violentarnos y rompernos. Han sido varios y con diversos orígenes, pero hemos logrado sostener el ánimo político a pesar de las heridas abiertas. Los hemos recibido desde las ultraderechas y derechas, pero también desde algunas izquierdas. Y, no os vamos a engañar, las últimas son las que más daño nos hacen porque pensamos —o queríamos pensar— que en todo el espectro de las izquierdas, y a pesar de las sanas diferencias, éramos compañeras en este camino de resistir en el difícil momento histórico que atravesamos.
Llevamos ahora días sometidas a un intenso ataque que consideramos injusto, violento y de orígenes no legítimos. Esta andanada tiene que ver con nuestro papel como ‘realizadoras’ de la Feria del Libro de Santander y de Cantabria, un evento cuya titularidad es del gremio Librerías Asociadas de Cantabria (LAC) y que producimos para una ciudadanía diversa y plural, y dentro de un sistema mundo tan contradictorio como casi todas nosotras, las que lo habitamos, trabajamos en él, recibimos sus ataques pero también sus aparentes beneficios. El ataque se centra en la programación de una actividad sobre poesía en la que interviene un autor con posiciones políticas diametralmente opuestas a las nuestras.
La colectiva La Vorágine ha explicado a quien nos ha preguntado el cómo y los porqués. Hemos admitido que esta militancia situada nos obliga a gestionar contradicciones muy complejas —como nuestras reflexiones ante esta sí legítima protesta por la presencia del fondo editorial del Ministerio de Defensa en la feria—, pero que, en nuestro análisis político, lo logrado con Felisa es más que positivo: la democratización del espacio público, la pluralidad de voces subalternas que se llevan escuchando desde hace cinco años en la Plaza Porticada, la instalación de una narrativa de convivencia frente a quienes se sienten cómodos en sus profundas trincheras, la gestión transparente y la transferencia de los fondos públicos en la democratización cultural de la ciudad…
Ahora, se ha iniciado una campaña impulsada por una parte del movimiento en defensa del pueblo palestino llamando a un boicot a la feria pero yendo más allá al acusar a La Vorágine de ser cómplices del genocidio en Gaza y atreviéndose a calificarnos de “fascistas”.
No podemos quedarnos en silencio como colectiva política que sí acumula un capital social y político relevante. Desconocer nuestro papel en la ciudad, en la región y en el Estado en defensa de los derechos de los pueblos —del palestino, por supuesto, pero también del kurdo, del sudanés, del colombiano, del ecuatoriano, del salvadoreño o del mexicano, entre otros— es un ejercicio de un esencialismo destructivo que, además de hacer un profundo daño a todo el movimiento social, busca hacernos desaparecer como actor político. Calificarnos como fascistas o cómplices del genocidio sólo puede ser fruto de planteamientos totalitarios que sí se acercan a esa mala costumbre de algunas izquierdas de demonizar a quien no comulga con sus dogmas.
Nos preocupa más, sin embargo, que algunos actores consideren que la presencia de un autor con un pensamiento político que nos indigna es equivalente a la de dos supervivientes del genocidio de Gaza que estarán en la Plaza de la Palabra. No reconocer su lugar y considerarlos equivalentes a una persona con valor literario pero irrelevante valor político es no cuidar a quien lo merece y necesita, es ejercer un tipo de violencia desde una supuesta coherencia blanca y acomodada, desde el lema y no desde la empatía. También nos angustia el daño que se hace al propio movimiento social que en Cantabria ha apoyado y apoya al pueblo palestino. Ninguna organización —desde luego no La Vorágine— puede considerarse portavoz de todas las sensibilidades o intentar empujar al resto hacia sus posiciones.
La Vorágine no está segura casi nunca de tener la razón, pero esa ha sido una de nuestras consignas: dudar, dudar incluso de nosotras mismas, no acomodarnos en posiciones dogmáticas o en trincheras en las que los matices no agrieten la aparente solidez de sus paredes. Reconocemos las trazas del racismo, del patriarcado, del colonialismo o del capacitismo en nuestros cuerpos heridos y muchos comportamientos intuitivos, pero cargamos espejos poderosos que nos ayudan a identificarlos y tratar de corregirlos y eliminarlos. Ese es nuestro trabajo político.
Pedimos respeto y pedimos inteligencia política. Pedimos conversación, incluso en el disenso, pedimos humanidad y cuidados. Quien no cuida a la otra pierde la legitimidad para hablar de derechos humanos.
Nosotras haremos nuestra tarea, analizaremos, cuando la tormenta pase, nuestros errores y nuestros aciertos, tomaremos decisiones políticas —como lo hacemos todo el tiempo en cada uno de nuestros gestos y actos— y las compartiremos con la comunidad.
Agradecemos las decenas de expresiones de estupor y de tristeza ante los ataques violentos contra La Vorágine a través de los ataques a la Feria que ayudamos a transformar. Y las agradecemos porque, aunque a algunas personas individuales les cueste comprenderlo, no trabajamos para mayor gloria de La Vorágine o de las personas que forman su colectiva, de las voluntarias o de las decenas de aliadas de este proceso. Trabajamos para una comunidad amplia que no siempre comparte todas las ideas, pero que sabe gestionar los conflictos y las dudas desde los cuidados y la humanidad.
Pedimos disculpas a toda la gente bonita y digna que se ha sentido confusa ante los mensajes vertidos en esa redes que todas deberíamos abandonar. A quienes sus teléfonos se han convertido en un buzón de odio. No os lo merecéis y, por eso, nos tenéis a todas para, hasta donde nos dé la inteligencia y la sensibilidad, explicaros y explicarnos. Juntas, dudando, seguro que podemos seguir trabajando para que nuestro mundo no siga siendo asaltado por los totalitarismos y por las militancias de lema fácil.
Salud y mucha fuerza en la resistencia.
Colectiva La Vorágine
28 de junio de 2026







