La vergüenza de Europa, la vergüenza de España

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La vergüenza de Europa, la vergüenza de España

Andamos demasiado ocupados eligiendo terraza de bar como para reconocer a los nadie como seres humanos con vidas de valor equivalente a las nuestras. Andamos celebrando la vacuna para los unos muchos blancos como para que pensemos en soluciones para los cuantos pocos no blancos. Si Europa gestiona sus fronteras con campos de concentración, España, ahora, elige el viejo modelo de la isla-cárcel para manejar las suyas.

Miles de inmigrantes sobreviven hacinados en espacios inhumanos y deshumanizantes en Arguineguín, en Gran Canaria, o en Los Cristianos (Tenerife) o en cualquier lugar invisible que permita gestionar “el problema” sin que sea demasiado molesto para el resto de ciudadanos. Miles de los migrantes están sin asistencia legal, denuncian las organizaciones de derechos humanos, un puñado de abogados sin escrúpulos firma las órdenes de expulsión en nombre de los nadie sin haberle puesto rostro al nadie que, supuestamente, representan. Ese nadie al que se le sigue usurpando la humanidad al no reconocerles unas raíces porque todos ellos vuelven a ser expulsados a Mauritania, sea cual sea su origen. Un acuerdo bilateral entre países avala el abandono en mitad de la nada. Es mejor así, los no humanos no deberían tener rostro.

Las islas Canarias, viejo laboratorio colonial, territorio arrasado por conquistadores de diverso pelaje, región ultraperiférica para la Unión Europea, espacio colonial para una España que cobra aduana por introducir cultura desde la península destinado a proporcionarnos sol y tabaco barato, tierra de migrantes que han debido recorrer el mundo mendigando trabajo antes de volver a la casa aislada… las islas Canarias son este momento la vergüenza de España, como lo son las costas andaluzas o murcianas, o los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla.

No mirar es útil para la inconsciencia… no actuar es funcional a un sistema que gestiona en la zona de oscuridad cárceles, campamentos de migrantes, residencias de personas mayores dependientes e “improductivas”, o clínicas para personas con enfermedades mentales, dejar que sea la ultraderecha la que siembre de odio racial y de mentiras el fértil terreno de la inconformidad clasemadianera es lo habitual. La vergüenza no nos puede paralizar, la vida no puede importarnos tan poco.


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