¿De qué apocalipsis estamos hablando?

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¿De qué apocalipsis estamos hablando?

¿De qué apocalipsis estamos hablando?


Palmar Álvarez-Blanco  [Fotografías: Joan Guerrero]

Investigadora, docente y activista social (Carleton College, Minnesota)


Nos están colando un 2×1, como en el súper, porque el apocalipsis tremendista y finalista viene acompañado de un brote nostálgico de una vuelta a la normalidad imposible de cumplir. Como escribió Heráclito y reafirmaba el filósofo-ensayista Agustín García Calvo(1), la realidad es dialéctica sin posibilidad de negociación y de síntesis, sobre todo cuando lo que está en juego es el derecho del ser cualquiera al trabajo y al pan. Un derecho, por otro lado, que lleva siglos en disputa y por eso, recuerdan el escritor y ensayista Javier Pérez Andújar y el fotógrafo Joan Guerrero(2) en su Milagro en Barcelona (2014), es importante andarse con cuidado porque en un descuido “nos” lo han robado. Y cuando digo “nos” me refiero a nosotros y nosotras, el común denominador, del que se excluye el interés de una minoría encerrada en su mismidad. Si observamos lo que nos está ocurriendo desde una perspectiva cultural a la contra del sistema capitalista patriarcal, colonial, ecocida y clasista dominante, en efecto estamos asistiendo a un momento apocalíptico pero no en un sentido tremendista finalista sino como un momento revelador—este es el sentido de su etimología griega—.

En el libro Autoconstrucción. La transformación cultural que necesitamos (2015), el filósofo, poeta y ensayista Jorge Riechmann escribe: “Jamás se había hablado tanto sobre las desigualdades sociales, jamás se había hecho tan poco para reducirlas… Nunca se había hablado tanto los daños ecológicos, y nunca se ha hecho tan poco para delimitarlos”. Si Riechmann lleva razón en lo que dice es porque el capitalismo no solo es un sistema económico con leyes propias sino que también es una estructura y una matriz cultural y del aprender que instituye determinadas maneras de pensar, de interpretar, de categorizar, de mirar y de relación. Por eso no resulta en absoluto arbitrario que visionarios, como el recientemente fallecido ensayista audiovisual Toni Serra *) Abu Ali, adviertan de la urgencia de “abrir la visión”(3) ampliando el objetivo para observar los puntos ciegos—los propios y los sistémicos—. Entre esos puntos ciegos están los relatos de signo tremendista apocalíptico que, por mediación de la viralidad comercial y de los medios de comunicación del poder, o bien se empaquetan para el consumo entretenido de un posible final de la especie o se piensan con el fin de favorecer estados de indefensión aprendida con fines paralizantes en tiempos de revuelta. Respecto a los medios de comunicación del poder, estos son responsables directos de la construcción de un anecdotario donde nunca se muestra la verdad entera. Las noticias de Fox News son representativas de este modo populista massmediático que encarna el orden burgués. En ellas unas veces abusa del exceso para desviar la atención y otras utiliza el “realitysmo” (Maurizio Ferraris) para establecer una relación parasitaria con la realidad, pues ésta queda como escenario de fenómenos que, realmente, no son analizados y estudiados, combatidos y pensados, histórica y políticamente, ni en profundidad. Ejemplo de esto sería la reciente intervención del gobernador de Texas, Dan Patrick, en la cadena Fox y su invitación al sacrificio colectivo de las personas mayores como medida para salvar la economía(4). En su explicación del problema Patrick se refiere al sistema capitalista como si fuera la única realidad posible; ante este falseamiento de la realidad la respuesta de mucha gente fue el movimiento en redes llamado #NotDying4WallStreet(5).

En el anecdotario cultural apocalíptico del entretenimiento, aparecen imágenes de viruses, pestes, zombis y ataques masivos que, como indicaba el filósofo Fredric Jameson, nunca tienen por objeto terminar con el capitalismo sino con la especie humana. Esta tendencia cultural finalista parece confirmar una suerte de analogía con la realidad capitalista dado que, de algún modo, en estas historias lo que está en peligro es el derecho a la libertad individual. Cabe preguntarse hasta qué punto todo este cúmulo de imágenes propias del imaginario “realista capitalista” (Mark Fisher) no es sino un dispositivo cultural de despiste que deja intacto el carácter ilegítimo de la propiedad de los grandes medios de producción en torno a los cuales se producen la inmensa mayor parte de nuestros medios de vida. Y si lo pensamos un momento, esta pregunta se vuelve todavía más urgente en un momento como el nuestro marcado por grandes movimientos migratorios, consecuencia directa del reparto desigual capitalista colonial y del ecocidio produccionista en curso.

A la contra del proceso cultural homogeneizador capitalista aparece una corriente cultural críticamente propositiva y creativamente visionaria que asume la desobediencia como actitud de combate, ayuda a desenmascarar las causas de los problemas intrínsecos a la estructura y al sistema y ensaya visiones alternativas para salvarnos todos. Esta cultura congregada en redes sociales, comunes digitales y comunidades de práctica autogestionadas y de orientación no capitalista, reivindica la política como herramienta de cambio y la cultura como un cauce educativo, formal y no formal, para dotarnos de las competencias necesarias que provoquen y sostengan ese cambio. Desde esta perspectiva cultural, se entiende la necesidad de hacer memoria de la mano de quienes ayuden a comprender cómo es posible que, en uno de los países más ricos del mundo, haya 87 millones de norteamericanos y norteamericanas sin un seguro médico o que, aún teniéndolo, éste no cubra sus necesidades adecuadamente; que de media cada persona en los Estados Unidos gaste más del doble en facturas médicas(6); que las ganancias de las compañías farmacéuticas en el 2018 ascendieran a 100 billones de dólares y que solo en 7 estados de este país se haya peleado que el salario mínimo laboral—40 horas semanales— sea de 15 dólares(7). Todos estos hechos debieran ser motivo suficiente para justificar un brote colectivo de indignación y, sin embargo, suelen quedar perfectamente justificados entre los defensores del status quo con esa ficción capitalista de la fantasía de la individualidad que tan bien describe Almudena Hernando (2018). Y con este pequeño retrato del proceso de empobrecimiento de la clase trabajadora se entiende cómo es que el interés de clase se torna ideología y se logra fabricar ese consentimiento social que deriva en una cuestión retórica asuntos de la mayor urgencia. Que Bernie Sanders no haya logrado ser candidato presidencial resulta sintomático de lo que está en juego. Del mismo modo, que tampoco debe sorprendernos que Sanders haya sido continuamente objeto de desacreditación mediática como candidato presidencial, pensemos en el importante número de historiadores e intelectuales norteamericanos/as de izquierdas que están ausentes de programas educativos: Howard Zinn, Ellen Meiksins Wood, DeeDee Halleck, Joel Kovel, Donella and Dennis Meadows, Richard D. Wolff o Erik Olin Wright, entre otros/as. Todas estas personas remiten a una cultura politizada y de izquierdas que incorpora las raíces históricas de los problemas por resolver poniendo al descubierto el sentido común capitalista y las trampas de su sistema. Todas ellas son ejemplo de cómo transformar la indignación en argumentos sólidos con los que provocar las condiciones necesarias que apoyen el cambio de sistema. Ahora bien, y no podemos olvidarnos nunca de esto, con cultura no es posible destronar al poder dominante, para eso es necesaria la organización política, jurídica, legal así como el monitoreo de una ciudadanía crítica y comprometida, que entienda lo que está en juego y lo que está realmente en crisis. El derecho a participar en este debate político no está exento de responsabilidad y de obligación para con el bienestar del ser cualquiera.

La respuesta dubitativa de los gobiernos anglosajón y norteamericano ante la crisis del coronavirus deja clara la prioritaria salvaguarda capitalista del orden burgués así como una inventada ley natural que legitima un orden civil fundado en el derecho inalienable de cada individuo a su autoconservación—lo que en la era capitalista se entenderá como defensa de la propiedad privada—. Por su parte, su insistente distinción entre lo público y lo privado reafirma la validez de un contrato social donde la libertad del mercado —metáfora del YO capitalista— se ejerce en perjuicio de cualquiera—humano, animal y vegetal—. Visto así, la ley capitalista del gobierno del YO resulta del todo incompatible con un Estado de derecho y si esto es así es porque en el capitalismo lo público es enemigo de lo privado y de ahí que cuando en esta crisis del coronavirus se incide únicamente en el encierro voluntario como medida de protección, sin mencionar la inversión masiva de fondos en la urgente investigación de soluciones, lo que se está indirectamente justificando es la selección natural de clase. Con el encierro en casa de la clase trabajadora, la media y la empobrecida, entra en crisis el sistema de producción y de consumo masivo resultando en la pérdida de salario, de trabajo y de pan. Y mientras esto sucede, en los últimos días asciende la venta de armas en diferentes estados del país. Puede que los gobiernos capitalistas lancen medidas ciudadanas para atacar el síntoma—la extensión del virus— pero no hay visos de que con esas medidas se vaya a paliar la enfermedad—el capitalismo—.

Por su parte, en países donde todavía resisten unas condiciones mínimas de servicios públicos, la crisis vírica permite ver con claridad que para poder llevar a cabo una vida digna es imprescindible el reconocimiento de la interdependencia—tanto entre los seres humanos como de los servicios públicos—. Por esto mismo, defender la lógica de la competencia capitalista propia del orden burgués o la posibilidad de un capitalismo bueno no tiene ningún sentido a la luz de los acontecimientos. Estos hechos han sido ya constatado en otros momentos no muy lejanos—durante la crisis de las subprimes y con la incipiente crisis de las pensiones— y como llueve sobre mojado, lo que vuelve a estar encima de la mesa de las urgencias es la necesidad de una organización política radicalmente opuesta al capital. En este contexto revelador aparece el horizonte socialista descrito por pensadores como Mario Bunge como lugar donde la propiedad y la libertad son conceptos interdependientes y donde el contrato social, asumido por compromiso político y no desde un arbitrario voluntarismo, garantiza lo justo para cualquiera al tiempo que vigila de que se den las mismas condiciones de posibilidad y materiales para que eso sea posible. Obviamente, ningún gobierno va a adoptar ninguna medida progresiva no capitalista si no se le empuja a ello y ahí es donde es preciso que la ciudadanía asuma también su responsabilidad haciendo uso de un legítimo derecho a la protesta y a la huelga. Lo explica con detalle el economista Xabier Arrizabalo en su obra Capitalismo y economía mundial (2019): no puede haber salida sin que medie un cambio decisivo de sistema y todo dependerá de cómo se lleve a cabo este proceso, de lo contrario el cambio será, de nuevo, el gran ausente del escenario de crisis, de ésta y de las por venir.

Me gustaría terminar esta reflexión compartida pensando nuestra participación como docentes, creadores, investigadores en el desarrollo de una cultura crítica no capitalista que apoye la colectivización y la socialización de las condiciones materiales y de posibilidad necesarias para que se dé el cambio de sistema. En este momento revelador, parece conveniente partir de una constructiva actitud de autocrítica de nuestras propias posiciones, esclareciendo el para qué y el por qué de nuestro trabajo. Y no es que crea que el ejercicio del pensar crítico, en cualquiera de sus versiones, vaya a provocar el giro político que necesitamos ver, pero sí considero que es una de las herramientas de que disponemos para avivar e incentivar el debate en torno al capitalismo y su final. Entiendo que este tiempo de grandes incertidumbres y de revelaciones es una oportunidad para poner en práctica ese ejercicio y programar foros, cursos, debates, de índole formal y no formal, en las comunidades y con estudiantes, que enfaticen la importancia histórica de la tradición de protestas ciudadanas que, en diferentes momentos de la historia, ha sido germen de grandes conquistas sociales. También considero que no restaría acompañar esos foros y encuentros de relatos que denuncien la respuesta gubernamental que criminaliza cualquier comportamiento que no acate el orden social burgués, el cumplimiento del contrato capitalista o la seguridad de la comunidad de propietarios. A todo tiempo de tránsito le es dado imaginar y viralizar escenarios propositivos para hacer de la comunidad un agente coparticipativo de un “buen sentido común crítico” (Antonio Gramsci) que objete cualquier forma de censura colectiva—el silencio, la ceguera, la falsa acusación, la denuncia, el consentimiento, etc.—, y que denuncie, toda vez que sea necesario, estados de represión ciudadana, violentas actuaciones policiales o fabricaciones de leyes exprés—supuestamente instituidas para el cuidado de la seguridad y protección ciudadana—. Finalmente, en estos tiempos de revelaciones e incertidumbres, entiendo útil cultivar y enseñar un conocimiento ubicado (implicado y aplicado) de aquellos problemas que tratamos y recordarnos que la participación en el debate social, en el sentido que le suele dar César Rendueles, no responde a una opción personal o un derecho individual sino a una obligación para con el común denominador de la sociedad. Un ejercicio docente y crítico cultural, creativamente comprometido con el proceso de provocar las condiciones precisas para que se efectúe un cambio, llama a las prácticas por sus nombres, abre nuevos horizontes de posibilidad y aclara las condiciones en que se viene dando esta problemática relación capitalista de cultura, sociedad y poder.


Referencias citadas

  • Almudena Hernando. La fantasía de la individualidad (2018)
  • Agustín García Calvo
  • Antonio Gramsci. Cuadernos de la cárcel. (1999)
  • César Rendueles en el libro compartido con Joan Subirats. Los (bienes) comunes. ¿Oportunidad o espejismo? (2016)
  • Javier Pérez Andújar y Joan Guerrero. Milagro en Barcelona (2014)
  • Jorge Riechmann. Autoconstrucción. La transformación cultural que necesitamos (2015)
  • Mario Bunge. Democracias y Socialismo (2017)
  • Mark Fisher. Realismo Capitalista. ¿No hay alternativa? (2009)
  • Maurizio Ferraris. Manifiesto del nuevo realismo (2013)
  • Toni Serra*) Abu Ali. “Abrir la visión” (2019)
  • Xabier Arrizabalo. Capitalismo y economía mundial (2019)

(1) Agustín García Calvo (1926-2012) fue un activista a la contra del sistema y uno de los filósofos españoles que mejor ha estudiado y analizado el montaje del capitalismo y la construcción del YO capitalista.

(2) Acompaña esta reflexión la mirada del fotógrafo Joan Guerrero (las fotografías son gentileza suya). Si me decidí a pedirle este favor es porque siempre he creído, como apunta Andújar, que “cuando Guerrero hace una fotografía esta originando un lenguaje nuevo, personal. Es lenguaje porque sus fotos están todas impregnadas de dialéctica. Una imagen tomada por Guerrero despierta siempre un sentimiento contradictorio de amor y dolor, y en la tesis con su refutación se fundamenta el discurso. Crea lenguaje Guerrero también al decidir que va a hablar en blanco y negro no en color (…)Es artista, aunque insista en negarlo, porque ha aprendido o ha elegido, la visión de la vida a través del arte, de la emoción. Pero ¿por qué entonces se resistirá Guerrero a reconocerse como artista? Porque ha sido pobre. Ser artista es dar la vuelta al mundo para llegar a la realidad por el camino de lo irreal, y un pobre con principios jamás abandona lo real, nunca va a traicionar a los suyos. La fantasía es un articulo de lujo porque ser pobre consiste en no tener ni para zonas (…) Lo real será lo que a Guerrero lo convierta en político”(Milagro en Barcelona 46).

(3) Muy recommendable la lectura del ensayo de Toni Serra*) Abu Ali así titulado: http://www.al-barzaj.org/2016/10/abrir-la-vision.html

(4) https://www.commondreams.org/news/2020/03/24/repulsive-outrage-texas-lieutenant-gov-says-seniors-willing-risk-coronavirus

(5) https://twitter.com/search?q=%23NotDying4WallStreet&src

(6) En el 2003 el ya fallecido profesor de economía política Uwe Reinhardt en su artículo “It’s the Prices, Stupid” [“Son los precios, estúpidos]. Sus predicciones han sido ratificadas por los análisis de Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health [https://www.jhsph.edu/news].

(7) Todos los datos reportados han sido comprobados desde la plataforma http://mediahub.unc.edu/

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