El “día siguiente” es hoy

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El “día siguiente” es hoy

El “día siguiente” es hoy


Alain Bertho
Antropólogo

Publicado originalmente en francés en su blog Tiempos Actuales el 7 de abril | Traducción de María R. Abascal.


¿Se debe preparar el “día siguiente” como si la crisis sanitaria fuera solo un paréntesis? Promesas de inversiones sanitarias de los poderosos, promesas de ajustes de cuentas por parte de otros, promesas de que nada será como antes. Pero es que ya nada es como antes. El “día siguiente” ha comenzado para los poderes políticos y financieros. Es el momento de resistir.


La mitad de la humanidad está bajo arresto. El futuro es abolido por el miedo: miedo al virus y miedo a la incompetencia de quienes gobiernan los estados. La brutalidad de esta experiencia colectiva es inconmensurable. Nos encontramos de golpe unidos en tiempo real con los sentimientos de los primos canadienses, una sobrina en Australia, colegas y amigos de Brasil, India, Italia, España y Senegal. Nunca antes habíamos pedido tener tantas noticias de nuestros amigos y seres queridos, y nunca habíamos tenido tantas veces el mismo tema de conversación. 

Desde el 17 de marzo, me he preguntado cómo serán nuestros primeros pasos en libertad, fuera de nuestra casa, “el después”. ¿Estarán estos pasos libres de todo miedo? ¿Cómo se sale de la prisión? ¿Cuánto tiempo nos llevará respirar sin miedo, saludar sin pensarlo dos veces, frenar nuestra tentación de desinfectar todo?

Cada día que pasa desde el 17 de marzo, este horizonte se aleja. ¿Quién sabe la fecha de finalización del “paréntesis”? El gobierno ha establecido el confinamiento renovable y está considerando un desconfinamiento gradual y controlado. El Ministro de Educación Nacional no sabe la fecha de reanudación de las clases y las amenazas se ciernen sobre las vacaciones. No sabemos cuándo tendremos suficientes pruebas y máscaras para cambiar la estrategia sanitaria. La ley de emergencia sanitaria aprobada el 22 de marzo es aplicable hasta diciembre. No sabemos nada sobre la evolución futura de la pandemia en el mundo, los nuevos equilibrios geopolíticos y económicos, la posible devastación de África.

Un miedo sin fin

El “día siguiente” que nos prometieron se parece al país de la cucaña. Será el día del capitalismo humano de Bruno Lemaire o de las inversiones masivas para los hospitales. Como despertar de un mal sueño. Como el Edén de los creyentes. “Un día lo verás”. ¿Por qué hacer hoy lo que podemos dejar para mañana?

El tiempo mismo se ha vuelto aleatorio. “Todos nuestros conciudadanos se privaron pronto, incluso en público, de la costumbre que habían adquirido de hacer suposiciones sobre la duración de su aislamiento” escribió Albert Camus en La Peste en 1947. Porque “después de todo, no había ninguna razón para que la enfermedad no durase más de seis meses o acaso un año o ¿más todavía?” Y en efecto, no hay ninguna razón. ¿Cómo planificar una agenda profesional, estudiantil o familiar en plazos de cuatro o cinco semanas? ¿Cómo preparar un “bac” (EBAU) hipotético, y finalmente cancelado? ¿Cómo gestionar los proyectos suspendidos? ¿Los plazos administrativos? ¿El seguimiento médico? Los gobiernos de los que dependemos gesticulan y pisotean. Y para todos y cada uno, todo puede cambiar con un ataque de tos.

La condición del hombre global (1) es hoy el exilio a domicilio, este “auto-exilio”, en el que el tiempo da lugar a “su propia angustia” (Albert Camus). Hay peligro al acecho alrededor de nuestra prisión. Cada noche, las “ediciones especiales” nos detallan la tragedia, contamos a las víctimas, hablan del agotamiento de los cuidadores, la angustia de las familias e incluso las incertidumbres del gobierno. No salimos ilesos. Si los trastornos de ansiedad comienzan a aparecer después de dos semanas de encierro, se deben temer los efectos sobre la salud mental. El estudio realizado por la Universidad de Shanghai sugiere un trastorno de estrés postraumático. medRxiv. doi: org / 10.1101 / 2020.03.06.20032425. ‘](2).

Y aquí estamos, unidos por el miedo cuando los cuerpos son violentamente sospechosos, compartimentados, patologizados y estos cuerpos nos separan. “¿Cómo seguir construyendo un posible “nosotros” cuando ni siquiera podemos rozar, levemente y con la punta de los dedos, a amigos, amantes, familiares o desconocidos?”, se pregunta una filósofa madrileña atrapada en el desastre(3). Aquí estamos, unidos en calidad de “intocables”.

Y aquí estamos, administrados por el miedo “el principal sufrimiento de este largo tiempo de exilio”, como ya dijo Camus, y “reducidos a nuestro pasado”. Como Paul Virilio anunció, este miedo “elimina las distancias”, contamina el espacio y sumerge a los sujetos conectados a las noticias en un live permanente que elimina la geografía al mismo tiempo que elimina el tiempo(4).

Y aquí estamos, transformados en víctimas que consienten los dispositivos de control, como en todas las epidemias importantes. Pero estos dispositivos nunca han sido tan universales. Todo el planeta parece destinado a convertirse en esta Marsella presa de la peste en 1720 y descrita por Michel Foucault en Surveiller et Punir, “este espacio cerrado y recortado, monitoreado en todos los puntos, donde los individuos se insertan en un lugar fijo, donde se controlan los movimientos más pequeños, donde se registran todos los eventos”(5).

Y aquí estamos, finalmente, asignados a nuestro lugar, unos en su chalet, otros en su apartamento de tres habitaciones donde viven cinco personas, algunos en su jardín y otros en su cocina, unos en su segunda casa y otros en su “cité du 93”, unos en armonía familiar y otros a merced de un verdugo. El 1 de abril en París, una mujer de 33 años murió bajo los golpes de su pareja, era la número 23 desde el 1 de enero.

El confinamiento conectado: entre Matrix y Damasio

La noticia del confinamiento de Wuhan a finales de enero hizo resurgir el fantasma de esta peste de 1720. Algunos se burlaron de los métodos tan “medievales” e “ineficaces” de las autoridades chinas. Estamos de acuerdo, el método de cuarentena colectiva es medieval: muestra en China, como en el resto del mundo, la ausencia de una verdadera estrategia sanitaria en muchos países afectados.

Pero no estamos ni en la Edad Media ni en 1720. El colapso de los intercambios materiales solo se iguala a la explosión de los intercambios inmateriales. La experiencia planetaria de la humanidad actual es similar a “un laboratorio puro de antropología de ciencia ficción”, por usar la expresión de Alain Damasio (6) que ve cómo se hacen realidad los vaticinios imaginados en sus novelas: “Vamos a descubrir lo que pasa cuando la interfaz reemplaza nuestros cara a cara al 95%”.

Las pantallas reemplazan los cuerpos, el sonido entrecortado de Skype las conversaciones a la hora del aperitivo. Los grupos de WhatsApp muestran el estado de ánimo de cada uno, las fotos antiguas encontradas, los gifs chirriantes compartidos ya diez veces, las fotos del perro, los selfies con máscara blanca, azul o verde. En las conexiones en Dúo más bien emergen las novedades, las reales, especialmente las malas, las que se continuarán por teléfono: mis colegas italianos están vivos, Chantal y Patrick han pasado los 10 días de enfermedad sin complicaciones, François está fuera de cuidados intensivos, Lucien está muerto.

Las pantallas reemplazan el despacho. El teletrabajo se impone allí donde se puede, en los países donde se puede. Aunque no disponemos una cifra global, ya hay algunos estudios disponibles, incluido uno encargado por Deskeo (7), un operador de oficina flexible, interesado en el cambio de paradigma. Esto confirma el efecto del control disciplinario de la “home-office” para un 70% de los franceses y las francesas que están sujetos a ella. La mayoría lo descubre y con él algunos efectos a menudo insospechados: el tiempo de trabajo se alarga, la pausa para el almuerzo desaparece (para el 86%, para el 49% “sistemáticamente”), el tiempo de transporte ahorrado se reinvierte en el trabajo (59%), los momentos de convivencia con los colegas desaparecen (74%). En resumen, las tres cuartas partes echan de menos la oficina, los horarios fijos y el tiempo de viaje, más las mujeres que los hombres.

¿Puede una pantalla reemplazar la escuela, los conciertos, el teatro? Desde la primaria hasta la universidad, el gobierno está haciendo todo lo posible para garantizar la “continuidad pedagógica”. Pero la digitalización de la transmisión escolar es una utopía devastadora: para los maestros cuyas horas de trabajo se multiplican, para los padres, y especialmente para las madres, cuyos horarios escolares se suman a los demás en unas jornadas de confinamiento que nunca terminan, ni para los niños para quienes la escuela todavía suponía un poco la posibilidad de salir de las desigualdades sociales. Según ha admitido el Ministerio, el 8% de los estudiantes quedaron fuera de los radares en tres semanas. Por no hablar de las investigaciones que solo se benefician de las ventajas de Internet y de compartir cuando pueden obtener su riqueza de colectivos humanos con vínculos grandes y fuertes. En cuanto a la cultura, reducida a ser una distracción necesaria del encierro, no puede existir fuera de sus lugares físicos, teatro, salas de conciertos, cines, festivales, exposiciones.

Nos encontramos en la experimentación real de la utopía digital integral. Así es el mundo de esta “matriz” anticipada por la trilogía de 1999 (8) cuando pasamos de la conexión lúdica de Instagram, Facebook y WhatsApp a la extenuante secuencia de trabajo en el hogar, a la desarticulación completa de lugares reales del común, tanto en su producción como en su intercambio.

Todo estaba listo. Ya estábamos conectados masivamente. El número de usuarios de Internet en todo el mundo ha crecido de 0 a 4.5 mil millones en un cuarto de siglo. Había 1,6 mil millones de sitios web en 2018, 3,36 mil millones registrados en las redes sociales en 2018 (el 44% de la población mundial). Más de la mitad del tráfico web pasa hoy por teléfonos móviles personales y no por ordenadores(9), pero solo el 48% del tráfico web es de origen humano directo(10).

Todo está preparado para la geolocalización masiva de mujeres y hombres en todo el planeta imaginado por Alain Damasio en Les furtifs (11). Tenemos la versión autoritaria con el sistema implementado por las autoridades chinas o polacas en nombre del control de la epidemia. Tenemos la versión “geográfica” con la transferencia de datos de Orange, Telenor, Telia, Telekom, Telefónica, Telecom Italia y Vodafone (anónimos, nos aseguran) a una comisión de la Unión Europea, lo que permitió de hecho mapear el éxodo a las segundas residencias cuando se anunció el confinamiento. El 30 de marzo, el gobierno de Pedro Sánchez solicitó a los operadores móviles que proporcionaran estos datos al Instituto Nacional de Estadística de España. Corea del Sur y Taiwán han movilizado la geolocalización de teléfonos inteligentes para controlar el movimiento de personas enfermas o en riesgo. Alemania, cuya estrategia sanitaria está inspirada en estos dos países, favorece una geolocalización del mismo tipo. Singapur ha desarrollado la aplicación Trace Together basada en Bluetooth, que detecta anónimamente la presencia de personas enfermas cercanas sin tener que centralizar los datos de geolocalización.

Francia parece estar “pensando en ello”. Pero en esta área, lo lúdico es a veces más perverso (y más efectivo) que la policía. ¡Ya se ofrecen al menos dos aplicaciones, Zenly y CoronApp, que ofrecen a los usuarios de Internet la autogestión de la transferencia de sus datos, su geolocalización y la geolocalización de sus contactos! Cuando el miedo nos controla, el poder del control está en el autocontrol.

La destrucción del mundo de los cuerpos

No nos equivoquemos. Matrix no sólo anticipaba la digitalización generalizada: el poder de la Matriz para interconectar subjetividades en su beneficio no es incompatible con la destrucción del mundo de los vivos y de los cuerpos. Incluso en tiempos de confinamiento.

Además del personal hospitalario o cuidadores en el hogar, millones de personas en Francia y en otros lugares continúan exponiéndose diariamente sin la más mínima protección necesaria y sin ningún distanciamiento posible. La restricción del transporte público hace el resto. El miércoles 1 de abril a las 6 a.m., un agente de RATP hizo circular una foto que acaba de tomar: plataforma 44 en la concurrida estación RER Gare du Nord, cuerpos pegados entre sí mientras esperan un vagón que seguramente no estará vacío. “El fuego de ametralladora de cuello azul como en 1914” fue la expresión de Francis Dubrac, un enfadado presidente de una empresa de construcción. El efecto es medible en las ciudades más pobres y donde las profesiones dominantes son las menos protegidas por el teletrabajo. Del 17 al 21 de marzo, por ejemplo, hubo un excepcional “exceso de mortalidad” en el departamento de Seine Saint-Denis: un salto del 63% contra el 32% en París o el 47% en el Val d´Oise.

A escala mundial, aún no medimos el alcance del desastre que está por venir. La metrópolis global, que es el territorio elegido por el virus, no genera los mismos tipos de ciudad en el norte y en el sur. En África, India y América Latina, las metrópolis de 10 a 20 millones de habitantes están formadas principalmente por favelas, barrios marginales, guetos y otros asentamientos informales que se extienden hasta donde alcanza la vista. En 2014, ONU Hábitat contabilizó 881 millones de personas que viven en barrios marginales: 92% de los habitantes de Sudán, 77% en Madagascar, 56% en Mali, 53% en Líbano, 47% en Irak, 39% en Senegal, 45% en Nicaragua, 24% en India, 22% en Brasil. En 84 países están por encima del 20%, 47 por encima del 50%.

Este mundo urbano es también el mundo de los pequeños oficios informales, redes subterráneas, vendedores ambulantes, reparadores, relaciones vitales sin contrato ni organización. Si bien esta proporción informal de la economía se estima en 16% en los países de la OCDE, aumenta a 32% en Asia Oriental, Medio Oriente, África del Norte, 35% en Asia Meridional y Central, 28 % en América Latina y 40% en África subsahariana (12). Aquí no hay ni teletrabajo generalizable, ni financiación del desempleo parcial en caso de confinamiento masivo.

En estos países con un sistema de salud más que deficiente, el confinamiento es o imposible o económica, social y humanamente destructivo. Cualquiera de los dos. ¿Se recuperará África, afectada por la epidemia con dos meses de retraso? Se corre el riesgo de implosionar social y políticamente. En voz de su Ministro de Cooperación y Desarrollo, Alemania está preocupada por el posible caos continental. Aunque fue una apuesta arriesgada, el confinamiento de los 21 millones de habitantes de Lagos en Nigeria parece conseguido a 1 de abril. La situación es más tensa en Sudáfrica, en los municipios de Ciudad del Cabo y en el caos urbano de Johannesburgo, donde la intervención del ejército mató a dos personas el mismo día. En Benin, el presidente Patrice Talon renuncia a “medidas que maten de hambre a todos a la vez y durante demasiado tiempo” y, por lo tanto, ” rápidamente acabarán siendo desafiadas y burladas sin haber alcanzado los objetivos”. En Nigeria, una estación de policía fue atacada en Kusada el 28 de marzo.

La brutal decisión de contener 1.300 millones de indios sumió en la desesperación a millones de trabajadores urbanos informales, migrantes internos, a menudo a cientos de kilómetros de sus hogares, sin más que sus pies para afrontar un terrible regreso. Los incidentes se han multiplicado desde el 25 de marzo en India: en Beed (Maharashtra) el 25, en Surat (Gujarat), Calcuta (Bengala Occidental) Mainpuri, Bulundshahr y Maharajganj (Uttar Pradesh) el 30, en Sarwar Dargah (Rajasthan) y Manimajra (Chandigarh) el 1 de abril. La angustia y el miedo a veces conducen al saqueo. Pero los hechos reportados aún son limitados: un Lidl en Palermo, saqueos en México y Colombia (Peirera, Bogotá, Soacha, Riohacha) y en Panamá, una tienda atacada en Senegal

Al exilio interno de los confinados le responde la angustia de las vidas atrapadas afuera. Esto es cierto en India, África, América Latina. Es cierto en Europa y América del Norte para las personas sin hogar, los indocumentados (13), los refugiados, todos aquellos que no existen por derecho propio. ¿Qué pasa con la violencia por la desesperación en las cárceles cuyos motines están aumentando? Contamos 57 entre principios de marzo y el 2 de abril en 17 países, incluidos Francia (13), Italia (8), Colombia (7), Irán (6), Brasil y Argentina (4) . Atrapados, los residentes de los EPHAD (los asilos) no se amotinan.

Los ejemplos de rechazos de los enfermos o de quienes los cuidan son aún raros: un crucero rechazado en Puerto, en Reunión, el 1 de marzo, incidentes durante el entierro en Calcuta o en Bizerte, un mini disturbio durante la llegada de pacientes a un barrio de Cádiz o en Bibhum (Bengala Occidental), la destrucción de un centro de detección en Abidjan, la expulsión de comerciantes en los suburbios de México, notas en parabrisas o puertas de enfermeras en Francia, una familia obligada a mudarse. Tantos actos insoportables, pero nada que se parezca por el momento al rechazo masivo de las víctimas de la peste.

El capitalismo de la catástrofe

Sin embargo, ¿debemos señalar, como Antonin Artaud(14), que con la plaga “el orden cae” y que estamos “presenciando todas las derrotas de la moral, todas las debacles de la psicología”? Muy dudoso, en lo que respecta al pueblo. Pero puede que no sea lo mismo para sus líderes.

El mundo está en proceso de reconfigurarse a sí mismo y los poderosos se están preparando para ello con más convicción que con la que están manejando la crisis sanitaria. La administración Trump suspende la legislación contra la contaminación impuesta a las empresas, Bolsonaro espera que el Covid-19 despueble las favelas. Argelia y Níger liquidan sus cuentas con sus oponentes.

Los planes de emergencia económica pueden ser oportunidades tremendas para rescates. Así, en los Estados Unidos, Boeing reclama $ 60 mil millones, lo que le permitiría cubrir los problemas anteriores a la crisis. Los hoteles reclaman 150 mil millones, los restaurantes 145 mil millones. Adidas busca la exención de impuestos para suscripciones a gimnasios y fitness. Los importadores buscan dejar de pagar multas por importaciones ilegales a los Estados Unidos.

Una nota del Centro de Análisis, Previsión y Estrategia del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia (CAPS) sugiere reflexionar sobre los efectos dominó de la crisis en África y el colapso inevitable de los estados no aptos. Sugiere buscar nuevos interlocutores y subraya la utilidad de las empresas privadas que “pueden desempeñar un papel si deciden comprometer sus recursos o actuar como intermediarios entre el sistema de gobierno global y África, pero en todo caso, harán hincapié en la quiebra del Estado. “

“La oportunidad es demasiado buena, para deshacerse de lo que queda del estado de bienestar, de la red de seguridad de los más pobres, de lo que queda de las regulaciones contra la contaminación”, advierte Bruno Latour. O “más cínicamente, deshacerse de todo este excedente de personas que sobrecargan el planeta”(15).

No volveremos a hablar sobre la catastrófica incompetencia colectiva del gobierno francés que comenzaba a causar un escándalo público ampliamente documentado, en particular por Médiapart. Pero este peligro permanente de nuestras vidas ¿es realmente por la incompetencia o es solo un fuerte indicador de las verdaderas prioridades del equipo actualmente en el poder? No, no son solo “idiotas”, como Frédéric Lordon escribe con énfasis. Es un lobby de capital financiero cuyas decisiones traicionan la estrategia real, desde el comienzo de la crisis sanitaria. Obviamente, no es fácil para ellos movilizarse para la compra de máscaras que son una condición de seguridad sanitaria y preventiva para las personas o incluso solo para el personal médico. Pero su movilización aumenta diez veces cuando estas mismas máscaras aparecen como una condición para reiniciar los negocios y el país.

La pauta se estableció el 29 de febrero. El día anterior, la OMS había publicado un informe detallado y alarmista e instó a los gobiernos a “interrumpir todas las cadenas de transmisión” y “adoptar un enfoque de todo el gobierno y toda la sociedad; no es un trabajo solo para el Ministerio de Salud “. El consejo de ministros dedicado al Covid-19 convocado al día siguiente, 29 de febrero, no tuvo otra urgencia que decidir utilizar el artículo 49.3 para adoptar la reforma de pensiones rechazada por la mayoría del país. Cuando, el 16 de marzo, el presidente se dirigió solemnemente a la Nación para anunciar el confinamiento, detalló con mayor detalle las medidas destinadas a garantizar la supervivencia de la economía “a cualquier costo” que las medidas destinadas a proteger a las personas del virus.

La misma lógica se aplica en toda la ley de emergencias sanitarias aprobada el 22 de marzo. No se trata de la requisa, la financiación excepcional, la reincorporación, incluso provisional, del ISF (Impuesto Solidario a las Fortunas). No, se trata, sin un límite claro de duración, del derecho del gobierno a prohibir una manifestación, a sancionar con seis meses de prisión a quien ejerza el derecho a la huelga o a la jubilación que considera un atentado contra los requisitos necesarios y decide por ley anular una serie de derechos de los empleados. Se trata de autorizar a los empleadores a modificar sin discusión las fechas de vacaciones, el descanso para la recuperación de horas extras. El gobierno autoriza a los empleadores a no respetar ni la ley, ni los convenios colectivos sobre la duración del trabajo, ni el descanso semanal, ni el descanso dominical, ni el uso de los derechos laborales en materia de salud. Prohíbe el derecho de jubilación a los cuidadores de niños, a los empleados que cuidan a los discapacitados, a los ancianos. La ley va más allá de cuestionar la legislación laboral: autoriza el incumplimiento de los plazos de consulta pública y las consultas obligatorias para las empresas de la construcción (BTP).

Sean las que sean las declaraciones del poder sobre las promesas de inversiones en el servicio de salud pública, la misma lógica, nuevamente, organiza los planes de reestructuración de los servicios de salud pública preparados a demanda del Elíseo en una nota del Caisse des Dépôts titulada “Propuestas Post-Covid-19 en el campo de la salud”. La referencia al sector privado, tanto hospitales como compañías de seguros, domina la reflexión. La mercantilización de la salud en particular toma nuevos desvíos, como la innovación digital o los desvíos más antiguos de las asociaciones público-privadas cuya lógica desastrosa es conocida. Con toda lógica, en medio de una crisis sanitaria, el 3 de abril, el director general de la Agencia de Salud Regional del Gran Este no dudó en confirmar el plan para recortar 174 camas y 598 puestos en el Hospital Universitario de Nancy.

La única experiencia que cuenta a los ojos del poder sigue siendo la de sus amigos capitanes de finanzas o industria. Son a quienes recurrir cuando se necesitan resolver asuntos serios y, desde luego, no a los expertos en la materia. Entonces, ¿quién ve un problema en que los organismos de expertos científicos están en peligro por los conflictos de intereses de varios de sus miembros, vinculados a los grandes laboratorios farmacéuticos? Si la presidenta del comité CARE, Françoise Barré-Sinoussi, no está en duda, el presidente del Consejo Científico Jean-François Delfraissy es un miembro no remunerado de la junta directiva de la Fundación Mérieux, vinculada al laboratorio BioMérieux de Lyon. Varios miembros de estos dos organismos, eminentes científicos, tenían su investigación o incluso su remuneración vinculada a algunos gigantes farmacéuticos como Roche, AbbVie, Sanofi y BioMérieux. Entre estos financiadores, hay compañías que fabrican pruebas de detección (Roche y BioMérieux) o que están trabajando en tratamientos para curar el Covid-19 (Abbvie y Sanofi) y para las cuales las elecciones que se tomarán son sinónimo de buenas o malas noticias financieras. 

Lo primero es confiar en tus amigos, ese es el principio que guía sus pasos. ¿Por qué prohibir los despidos cuando puede “pedir” a las empresas que no lo hagan? ¿Cuál es el punto de prohibir los dividendos cuando, tal como dijo Bruno Lemaire el 27 de marzo, se puede “hacer un llamamiento a las empresas para que sean responsables”, con el apoyo, por supuesto, de Laurent Berger? Si el gobierno excluye cualquier aplazamiento de impuestos o aplazamiento de contribuciones sociales a compañías que pagan dividendos, no se dan condiciones para beneficiarse del uso de trabajo a corto plazo, ayuda estatal y en particular préstamos garantizados por el Banco de Inversión Pública ¿Por qué nacionalizar y relanzar la fábrica Luxfer en Gerzat, el único productor francés de cilindros de oxígeno cuando Air Liquide puede quedar a merced de sus fábricas compradas en Turquía? ¿Por qué restaurar el ISF cuando podemos, como Gérald Darmanin, anunciar el lunes 30 de marzo “una plataforma de donación” para que “las personas o empresas hagan su contribución al esfuerzo solidario de la nación con los más afectados “. Cuando amas a tus amigos, no cuentas los regalos que les das.

La movilización de la experiencia popular

Los múltiples informes sobre servicios de emergencia y salas de reanimación, las entrevistas con algunos jefes de departamento nos muestran lo obvio: que en esta experiencia práctica, la capacidad de tomar decisiones operativas en una emergencia es tan escasa en nuestro gobierno, y en otros gobiernos, que es ampliamente compartida en el frente de batalla. Esta realidad es bien sabida por los sociólogos y antropólogos del trabajo: la actividad profesional, incluso aparentemente la más limitada, se compone de una multitud de opciones y decisiones que ningún capataz, ningún gerente de departamento, ningún jefe, ningún ingeniero ni ningún ministro podrán tomar en tu lugar. Dejar de ejercer este poder de decisión tiene un nombre: “huelga de celo” (huelga de brazos caídos).

La arrogancia del poder, su desprecio por la gente, su flagrante falta de experiencia práctica explota a los ojos de todos en tiempos de crisis. El gobierno designa sin rodeos a científicos vinculados a laboratorios farmacéuticos en su Consejo Científico, pero ni siquiera se imagina poner al frente a una enfermera, un médico de emergencias, un jefe de la unidad de cuidados intensivos.

Las peticiones en línea que vemos multiplicarse desde el 13 de marzo, incluso antes del comienzo del confinamiento, señalan el alcance de esta incompetencia, el inmenso campo de preguntas vitales que el personal financiero estatal no puede ni siquiera imaginar. A gran escala y sin que la lista sea exhaustiva, nos encontramos con el destino de los osteópatas y fisioterapeutas, el destino de pequeños restaurantes, trabajadoras sanitarias embarazadas, el cierre de los metros, las personas sin hogar, la celebración de elecciones municipales, estudiantes sin internet, el peligro de los empleados en una empresa, el destino de las mascotas, el equipo para cuidadores, máscaras y más máscaras, test para todos, prescripción de cloroquina por parte de los médicos de familia…

El increíble trabajo del personal sanitario en la emergencia y la escasez, las múltiples iniciativas para la producción artesanal de máscaras, la organización de las más diversas formas de solidaridad, la redistribución en línea a través de WhatsApp, Zoom o Skype de lugares de sociabilidad, la actividad física en grupo como gimnasia o yoga, los juegos de mesa familiares muestran la abundante creatividad que hay hoy en día. Una sociedad no necesita un discurso marcial para autoorganizar su resiliencia, así como tampoco necesita decisiones tecnocráticas para organizar su seguridad sanitaria. Hemos sabido durante mucho tiempo que los mejores expertos en seguridad laboral son los propios empleados a los que habría que escuchar con urgencia en Amazon, en PSA (conglomerado de empresas del automóvil), en las empresas de la construcción (BTP), en el transporte por carretera, en las cajas de los supermercados y en todas partes.

A las controversias académicas sobre los ensayos terapéuticos de la cloroquina, responde hoy una experiencia médica en el campo que exige con urgencia su autorización de uso masivo. A la falta de rigor académico reprochado a los experimentos llevados a cabo en Marsella responde la ética del sanitario que no desea transformar a los pacientes en conejillos de indias al azar ni darles un placebo en medio de una pandemia. A la precaución europea del estudio Discovery, que está probando terapias desde hace varias semanas, responde el pragmatismo de la Asociación de Médicos de Emergencia de Francia (AMUF) que, a partir del 25 de marzo, anima a los médicos a ofrecer cloroquina. A la maquinaria pesada de los medios de comunicación para transferir pacientes a regiones menos afectadas por covid-19 responde la misma propuesta de dicha asociación de dar prioridad al transporte de equipos a regiones más afectadas. Sin respuesta. A la gran maquinaria industrial-farmacéutica de la que aún se esperan pruebas que permitan un cribado masivo, responde la propuesta pragmática de  75 laboratorios veterinarios de diferentes regiones. Ellos tienen el equipo y los conocimientos necesarios para, mientras tanto, producir 150,000 a 300,000 pruebas por semana de manera descentralizada y masiva. Deben esperar hasta el 4 de abril para recibir una respuesta de las autoridades sanitarias nacionales cuando Alemania, Bélgica y España ya están movilizando todos los recursos disponibles, incluidos sus laboratorios veterinarios. Una persona pesimista podría pensar que este poder que dice estar “en guerra” prefiere perder semanas preciosas en lugar de dejar que los francotiradores acusen a los egoístas de la industria farmacéutica.

Observemos por el momento que un poder incompetente que acumula contradicciones, retrasos, errores y mentiras no está listo para cuestionar “cueste lo que cueste” de acuerdo con una fórmula que corre el riesgo de convertirse en culto. Perdería lo que queda de legitimidad y prefiere la huída hacia adelante del control de los cuerpos, la represión y la culpa de los enfermos.

La resistencia empieza hoy

De hecho, hay una razón de peso para que “la policía se convierta en el brazo armado de la incompetencia sanitaria masiva” como señala Alain Damasio en Libération el 1 de abril. Cuando el comisario Didier Lallemand declaró el 3 de abril “los que están hospitalizados hoy, los que se encuentran en cuidados intensivos, son los que, al comienzo del confinamiento, no lo respetaron”. No fue más que un lapsus. Un lapsus de Estado. Dijo en voz alta esta ansia de venganza contra cuerpos recalcitrantes, incluso enfermos, animada por el poder. Ilustra perfectamente esta conclusión de Michel Foucault en Surveiller et punir: “La peste es la prueba en el curso de la cual se puede definir idealmente el ejercicio del poder disciplinario”.

Sugerí en un artículo anterior que la pandemia funciona como un recordatorio masivo de la corporalidad del mundo después de décadas de desmaterialización digital y financiera de todos los aspectos de la vida. A este capitalismo que quería deshacerse de los cuerpos como una carga insoportable, regresó como un boomerang esta multitud de cuerpos que sufren y que recordaban “esta verdad fundamental: no hay vida sin un cuerpo”. “Ni siquiera hay ganancias sin un cuerpo en algún lugar al final de la cadena demoníaca de las finanzas”.

No ha hecho falta mucho tiempo para que se desarrolle la contraofensiva. La ofensiva contra la salud estatal es principalmente una ofensiva contra los propios cuerpos. Puede ser feroz. Si en Francia el confinamiento es un pretexto adicional para la violencia policial en barrios de clase trabajadora que ya eran el objetivo, la policía india o la policía senegalesa tienen instrucciones oficiales de apalear a los infractores. Mientras tanto, el presidente filipino llama a disparar sin previo aviso. 

Es por eso que cualquier manifestación de nuestros cuerpos intocables es esencial hoy. Cuando el miedo al contagio se ha convertido en la mejor herramienta de control y cuando la única acción política comunitaria que nos permitimos es el derecho a aplaudir, sobre todo no nos privemos de ello. No solo para rendir homenaje a los sanitarios que salvan vidas y se ponen en peligro en hospitales devastados por la lógica liberal, sino también para salvarnos de este control que es a la vez extremo y “libremente” consentido.

La crisis actual, que nos devuelve a una atmósfera tan pura como la que teníamos hace 40 años, ¿es una lección para los escépticos del cambio climático y una prueba de una posible disminución? En este sentido, no cantemos victoria demasiado rápido. Es muy probable que la geopolítica que surgirá de esta crisis con los estragos que causará en los países más pobres se asemeje a un supuesto clima global y apartheid económico. Este capitalismo está listo para reducir pérdidas, como lo sugiere la nota de CAPS (Clinician Administered Posttraumatic Scale), “el shock podría precipitar la crisis final de la renta del petróleo en Camerún, Gabón y Congo-Brazzaville ” y ” arriesgarse a la aceleración de la crisis de los operadores petroleros, con Total a la cabeza , que están pensando en abandonar estos países”.

Recordemos que la gran crisis salarial industrial de 1968 fue seguida por dos líneas de reflexión estratégica, dos informes históricos. El informe presentado al Club de Roma, escrito por el equipo de Donella y Dennis Meadows, titulado “Stopping Growth” (16) tuvo un éxito público incuestionable pero no tuvo ningún efecto en las estrategias industriales y nacionales. El otro informe se presentó en 1975 a la Comisión Trilateral de los círculos empresariales internacionales. Titulado Crisis de la democracia (17), el informe diagnostica un “exceso de democracia” en Europa y los Estados Unidos. Su publicación causó un escándalo, pero está claro que sus recomendaciones fueron leídas cuidadosamente por las autoridades vigentes.

Aquí estamos. Lo absurdo del sistema mundial explota a los ojos de todos, aquellos que predijeron un colapso son escuchados seriamente y la incompetencia de los poderes estalla en la pantalla(18). Pero cuando el rey está desnudo, no abdica. Silencia a los críticos. “No dejaré que nadie diga que ha habido un retraso en la decisión sobre el confinamiento”, se atrevió a decir el primer ministro el 28 de marzo. No es para reírse. Una potencia en peligro amplía su sistema de control, va más allá de la legalidad constitucional, inventa nuevos delitos como la “violación reiterada del encierro” (tres años de prisión y una multa de 3.750 euros) que pisotea la presunción de inocencia.

La resistencia democrática es básica a partir de ahora si no queremos que este confinamiento dure más allá de la crisis, que el control digital y policial se generalicen, que la desmaterialización y la capitalización del trabajo exploten, que una guerra despiadada se libre contra las habilidades de la gente y la materialidad de la vida.

Bruno Latour sugiere imaginar “gestos barrera” contra el resurgimiento de un crecimiento devastador. Necesitamos urgentemente inventar gestos barrera contra la extensión ilimitada del control. La resistencia es ante todo una política del cuerpo vivo: contra la violencia de la represión policial, contra la violencia física del trabajo, contra la violencia de la digitalización de nuestras vidas, contra la violencia de la contaminación devastadora.

Esta resistencia es la de la producción inagotable de lo común cultural o político, que es ante todo la de los cuerpos vivos presentes y reunidos en plazas, habitaciones, calles. Como Damasio escribe en Les Furtifs: “Lo que me sorprende de los insurgentes no son sus ideas, son sus cuerpos. (…) Emiten un poder. (…) Podemos hablar sin cesar sobre sus convicciones. Claro. Pero eso, estos cuerpos vivos, no engaña. Y eso dice mucho más que cualquier AG (autoridades encargadas de la gestión) en el mundo(19). Esta “política corporal” fue la de los chalecos amarillos en 2019 y de todos los levantamientos de este año apenas completado desde Hong Kong a Argel, desde Santiago a Bagdad, desde Beirut a Quito. No los olvides. Es con la misma determinación que debemos abordar este famoso “día después” que ya ha comenzado.


[1] La expresión es del antropólogo Arjun Appadurai. 

[2] Estudio de la Universidad de Medicina Naval en Shanghai: Sun L, Sun Z, Wu L, et al. Prevalencia y factores de riesgo de los síntomas del trastorno de estrés postraumático agudo durante el brote de COVID-19 en Wuhan, China [publicado en línea el 10 de marzo de 2020]. medRxiv. doi: org / 10.1101 / 2020.03.06.20032425. 

[3] Carolina Meloni González, “La comunidad intocable”; Apocaelipsis, 30 de marzo de 2020. 

[4] Nicolas Truong “La administración del miedo, por Paul Virilio: frustrando la política del miedo”, Le Monde, 03 de septiembre de 2010. 

[5] Michel Foucault, Monitoreo y castigo, Gallimard 1975. 

[6] Alain Damasio: “La policía no tiene que estar armada con una incompetencia médica masiva” “, entrevista con Nicolas Celnik, Liberación, 31 de marzo de 2020. 

[7] Encuesta realizada entre 2.736 profesionales repartidos por toda Francia, realizada en línea, en el panel propietario BuzzPress France, según el método de cuota, durante el período del 19 al 24 de marzo de 2020.- 

[8] The Matrix es una película de ciencia ficción australiano-estadounidense1, escrita y dirigida por Lana y Lilly Wachowski y estrenada en 1999. Le siguieron The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions en 2003.

[9] https://www.alioze.com/chiffres-web

[10] Alain Bertho, ¿Se acabó el tiempo? El momento de los levantamientos, Le Croquant, 2020, página 28. 

[11] Alain Damasio, Les furtifs, La Volte, 2019. 

[12] Sandra Pellet, “¿Cuál es la participación de la economía informal en el PIB?», Saludos croisés sur l’énergie 2014/1 (n ° 14) 

[13] Portugal es el único país que ha decidido regularizarlos para emergencias sanitarias. 

[14] Antonin Artaud, “El teatro y la peste”, en El teatro y su doble, Gallimard, 1938. 

[15] Bruno Latour, “Imaginando gestos de barrera contra el regreso a la producción anterior a la crisis”, AOC, 30 de marzo de 2020, 

[16] Club de Roma, Stop Growth, Fayard, 1972. 

[17] Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, La crisis de la democracia, informan sobre la gobernabilidad de las democracias a la Comisión Trilateral, New York University Press, 1975. 

[18] En Francia, el barómetro Opinionway es definitivo. Aquellos que “confían en que el gobierno limitará los efectos de la epidemia” pasaron del 53% el 23 de marzo al 42% el 31. Al mismo tiempo, la desconfianza es aumentó de 46 a 56%. 

[19] Alain Damasio, Les furtifs, la Volte, 2019, página 505.


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