(II) Domingo 22 de marzo

(Dibujo de un brigadista húngaro de la División Durruti)

(II) Domingo 22 de marzo


Leo una biografía de André Breton y de una época como pocas creativa y nada adormilada. Oigo desde Chopin hasta un tango. Abro los brazos en algo que un poeta llamaba “la cruz del desperezo”. Gozo a pesar de las contingencias del momento del tiempo libre, del magnífico ocio cantado desde Lao Tse hasta Teodoro W. Adorno. En un momento se me ocurre abrir el “Breviario de podredumbre” de Cioran, un autor que tiene el vicio de arrojarnos una araña en la sopa, en la modorra y en el aturdimiento cotidianos. ¿Con qué me encuentro? Con un aserto que justifica mi ocio: “Los desocupados captan más las cosas y son más profundos que los atareados; ninguna empresa limita su horizonte; nacidos en un eterno domingo, miran y se miran mirar. La pereza es un escepticismo fisiológico, la duda de la carne. En un mundo transido de ociosidad, serían los únicos en no hacerse asesinos”. Dedicado a este ocio con bibliografía, pienso en el encierro. Pienso que ahora que se están amotinando los presos en las cárceles colombianas por su hacinamiento en algo que es más que un simulacro, se pone de presente una paradoja, la paradoja de que quienes más tiempo libre tienen sean los presos. Esta sutileza intelectual, la verdad, tiene un sabor amargo. Al menos algunos somos presos de lujo en nuestras casas.



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