(IV) Martes 24 de marzo

(Pintura de René Magritte)

(IV) Martes 24 de marzo

“Todas las mañanas salto de la cama

y piso una mina. La mina soy yo”.

Ray Bradbury


Masacraron a 25 presos en la cárcel ‘Modelo’ de esta ciudad fantasma. Intentaban huir de rejas y hacinamientos. Según la radio, hay 3 reos que todavía huyen. Me pregunto a dónde irán en una ciudad despoblada, desolada por causa de la cuarentena. Quizás huyan por los tejados, un lugar preferido por ladrones y palomas. Recuerdo una tarde en mi casa de la infancia cuando un hombre llegó pidiendo unos zapatos viejos. Al preguntarle qué número de zapatos era el suyo, secamente respondió: “entre 32 y 43, que es lo que calzamos los pobres”. No quisiera estar en esos ni en otros zapatos de hombres perseguidos.

El suceso carcelario me llevó a recordar este poema del turco Nazim Hikmet, (1902-1963), un hombre que estuvo preso 18 años por sus ideas durante las sucesivas dictaduras militares de su país. Cárcel de Ankara, Cárcel de Cankiri, Cárcel de Bursa, fueron las prisiones que lo tuvieron como huésped forzado. ¿Por qué recordar este poema? Porque qué más quisiéramos en estos momentos de acoso que finales felices.

CARTA A VALA NUREDIN

Hermano mío,

enviadme libros con finales felices,

que el avión pueda aterrizar sin novedad,

el médico salga sonriente del quirófano,

se abran los ojos del niño ciego,

se salve el muchacho al que mandan fusilar,

vuelvan las criaturas a encontrarse las unas con las otras,

y se den fiestas, se celebren bodas.

¡Que la sed encuentre al agua,

el pan a la libertad!

Hermano mío,

enviadme libros con finales felices,

esos han de realizarse

al fin y al cabo.

Requiem: Como para volver más gris la cuarentena, están cortando, y en este caso creo que con razón porque tiene podridas las raíces, un drago que sembré hace muchas hojas.



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