Naturalizar que los sectores de la ultraderecha blanca y nacionalista participen y pululen en las calles ejerciendo sus actitudes de odio y sus prácticas violentas es abrir la puerta a que la deriva totalitarista de la derecha española sea el ‘nuevo’ estado de cosas en nuestro territorio. Observar a los que abiertamente se pueden reconocer como fascistas utilizando el espacio público para derramar insultos y agresiones, supone una constatación de una presencia amplia en sectores sociales, políticos y mediáticos que los tolera como parte de una normalidad que no es normal.
La Vorágine quiere denunciar que la Delegación del Gobierno en Cantabria, responsable de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en la comunidad autónoma, fue incapaz el miércoles 2 de septiembre de garantizar el ejercicio de los derechos políticos democráticos. Una concentración antirracista a las puertas de la misma Delegación informada en tiempo y forma fue acorralada, agredida y atemorizada por una manada de ultraderechistas organizados (y con siglas políticas reconocibles) que lograron que se les sumaran otros cientos de ciudadanos y ciudadanas, que habían participado del “acto institucional” que el Partido Popular y VOX instrumentalizaron en la Plaza del Ayuntamiento. Los insultos, las patadas, la violencia de estos ultras disfrazados de “patriotas” no fueron controlados por un dispositivo policial absolutamente insuficiente e inoperativo, agentes que de vez en cuando recibía palmadas en la espalda de los violentos que transitaban.
Personas de la colectiva La Vorágine estuvimos allí y, como el resto de manifestantes antirracistas, nos sentimos acorraladas. Presenciamos como los agentes de la Policía Nacional defendían que eran “dos manifestaciones” legales, cuando los agresivos ultras no tenían ningún permiso para invadir la vía pública y menos para insultar e intentar agredir a manifestantes y a periodistas. Defendían que esa gente “tenía derecho a transitar la vía pública”, cuando la evidencia mostraba una concentración ilegal sin ningún cuestionamiento por parte del pequeño operativo de policías desplegado.
Los insultos de grueso calado estaban cargados de racismo, supremacismo cristiano, heteropatriarcado y nacionalismo tóxico, además de los intentos de rebasar el cordón policial en los lugares en los que se encontraban más cerca.
Tras más de una hora de acorralamiento, y ante la insistencia de los manifestantes democráticos, la Policía hizo caso y decidió “extraer” a los no violentos, en lugar de identificar y sancionar a los violentos. La logística de ese traslado fue peligrosa, se produjo mientras los ultras rodeaban al conjunto de ciudadanas y ciudadanos, y terminó en unos autobuses que, injustamente, llevaron a las y los manifestantes hasta Valdecilla, teniendo que regresar muchas de ellas a un centro de la ciudad (a sus casas y medios de transporte) con mucha de esa gente iracunda y violenta paseando por sus calles.
Es el mundo al revés. Los violentos se fueron de rositas, triunfantes ante un supuesto Estado de Derecho incapaz de garantizar los derechos políticos y la convivencia. Las personas violentadas nos fuimos escoltadas, sometidas a abucheos e insultos, mientras todo era grabado, recordando todo ello a episodios del pasado.
La Vorágine también denuncia la instrumentalización de los miedos y los sentimientos de miles de ciudadanas y ciudadanos que participaron en un “acto institucional” que no lo fue, que estaba cargado de partidismo sectario, de insultos y de racismo.
Nos preocupa la deriva social, la complicidad policial e institucional y el silencio o equiparación de reivindicaciones de algunos medios de comunicación. Ocultar es naturalizar y naturalizar es despeñarnos a un totalitarismo que acabe con el ya precario sistema democrático en el Estado.
La Delegación del Gobierno debe dar explicaciones, la Fiscalía debe proceder de oficio a identificar a los violentos (hay suficiente material audiovisual) y denunciarlos por delitos de odio, y el Ayuntamiento de Santander debe ser sancionado por utilizar la figura de “acto institucional” para un evento claramente partidista y cargado de odio y racismo.
Por último, transmitimos nuestro apoyo y abrazo a las compañeras y compañeros que vivieron momentos terribles en la tarde de este miércoles 2 de septiembre. Ninguna persona debe ser sometida a ese nivel de violencia: ni en Ceuta ni en Santander.







