Sáhara Occidental: Nuestra historia colonial sigue teniendo consecuencias

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Sáhara Occidental: Nuestra historia colonial sigue teniendo consecuencias

Parecía insostenible. Parece tensar la cuerda demasiado mantener 29 años un alto al fuego que sólo condenaba a una parte a vivir en el exilio, en campamentos situados en una de las zonas más duras del desierto del Sáhara, con una Misión de la ONU estéril y un Marruecos enrocado en sus pretensiones coloniales. Y la cuerda se ha roto.

La declaración del estado de guerra por parte del presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) contra Marruecos llega después de que las tropas marroquíes dieran un paso más allá en la represión militar de los anhelos independientes de los habitantes del Sáhara Occidental.

Pero en esta jugada lo que más pesa es la irresponsabilidad colonial del Estado español. Si hace 45 años, de forma vergonzosa e irresponsable, España sacó a sus militares, ciudadanos y hasta cadáveres de la zona y entregó el territorio con sus habitantes a Marruecos y Mauritania, hoy, legalmente, el estado español sigue siendo la “potencia administradora del territorio (…)”. Y eso es así  hasta que, como reza la sentencia del ahora ministro Fernando Grande-Marlaska, “finalice el periodo de la descolonización, [mientras] tiene las obligaciones recogidas en los artículos 73 y 74 de la Carta de Naciones Unidas, entre ellas dar protección, incluso jurisdiccional, a sus ciudadanos contra todo abuso, para lo cual debe extender su jurisdicción territorial para hechos como los que se refieren en la querella a que se contrae el presente procedimiento”. La inútil Naciones Unidas, por cierto, piensa lo mismo: somos potencia administradora y no se puede “renunciar” a esa condición hasta que se consuma el proceso de “descolonización”.

Hoy podemos escuchar el silencio atronador de quienes gobiernan este país, de los que siempre han mostrado su desprecio a la situación del pueblo saharaui, pero también de los que, hasta hace cuatro días estaban en la calle enarbolando sus siglas políticas junto a la bandera del Sáhara. Sus aparatos de comunicación, tan habituados al derroche de comunicados y trinos en redes, andan mudos ante el regreso a la guerra abierta. Un simple comunicado del Ministerio de Exteriores mostrando su apoyo ¡al secretario general de la ONU! no parece ser el papel de la potencia colonial.

España renunció a sus obligaciones hace 45 años y ha sido cómplice con el régimen alauí mientras posturea ante la comunidad internacional de una especie de “neutralidad” imposible cuando eres el generador del problema.

El Frente Polisario, que vuelve a la asimétrica guerra contra Marruecos, nació contra España en 1973 y lo hizo después de que el Estado español reprimiera con una brutal violencia a su antecesor: el Movimiento de Liberación de Saguia El Hamra y Río de Oro. En 1970, las tropas españolas (franquistas, por supuesto) mataron a 40 de sus militantes y desaparecieron de forma forzada a su líder. Poco después del nacimiento del Polisario, el rey marroquí organizó la Marcha Verde y la España del dictador agonizante prefirió poner en marcha la ‘Operación Golondrina’, para salir corriendo y abandonar a un pueblo al que debía un referéndum de autodeterminación.

Nuestra historia colonial sigue teniendo consecuencias y el colectivo La Vorágine sigue pensando que este Estado NO nos representa, como no nos representaba el de 1975. Es más, tal y como vamos a mostrar esta semana, el caso del Sáhara Occidental es una prueba más de que los escombros del franquismo siguen taponando las salidas democráticas y dignas para este país. El gobierno autodenominado como progresista se hace el loco y  mientras, las única señales de solidaridad son las mismas que las sostenidas durante los últimos 45 años: las de la sociedad civil organizada. Nuestro apoyo a Cantabria por el Sáhara y a todo el movimiento de resistencia que desde Argelia y desde la diáspora, sostiene la vida y el ánimo en el seno del digno pueblo saharaui.

 

Acude a la concentración de este martes 17 de noviembre en la Plaza Porticada de Santander a las 19:30


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