(XXXIV) Sábado 16 de mayo

(XXXIV) Sábado 16 de mayo


EXORCISMOS

 

Para Olga Bula
Sólo por aceptar el reto de alguien que me dice que nada me gusta, me animo a registrar estas amorosas intimidades, unos guiños auto-referenciales que casi siempre evito porque es como sacar a pasear las vísceras en carretilla. Y porque huyo de los sentimentalismos como un vampiro lo hace de la luz.
Estoy hecho de filias y de fobias, aunque el aspecto fóbico sea el que por momentos gobierne de manera dominante mi neurosis. Por hoy le he tomado una repentina fobia a mis fobias, para poder hablar un poco de mis filias. La palabra filia viene del griego y significa “yo amo”.
Entendido así, son muchos los ‘yo amo’ que puedo conjugar sin que en oposición se alboroten del todo mis resabiadas fobias. Resulta difícil amar algo, o a alguien, sin que no haya un rechazo a otros algos y a otros algunos.
Hay fobias que se truecan en filias. Por ejemplo, cuando alguien apaga, digamos, un disco de Silvio Rodríguez, yo amo más que nunca el silencio. Tengo filias que están habitadas por otras filias, como las muñecas rusas -matrioskas- que guardan adentro otras muñecas.
¡Cómo no amar un blues de James Cotton, cómo diablos no amar a una pantera negra llamada Nina Simone, a Louis Armstrong, a la trágica Billie Holliday, a Robert Johnson que era un brujo del Delta o a esa reina de la noche llamada Big Mama Thorton, y no sentir al mismo tiempo una filia con su mundo y con su raza! ¡Cómo no amar la palabra de George Jackson desde el presidio de “Soledad Brother”!
Cómo no gozar el momento cuando se juntan balón e inteligencia para producir en las tribunas la alegría colectiva. Cómo no amar ese momento de la noche en que cesan todos los ruidos, para el que hay una hermosa palabra: conticinio.
Toda filia es una suerte de talismán. Mis talismanes, en pugna con mis fobias, podrían ser los siguientes:
Contra baratijas musicales, Johann Sebastian Bach.
Contra ira, humor negro.
Contra mal teatro, el sueño.
Contra espejismos, la mujer que lava el agua.
Contra el tedio del encierro, ungüentos de lejanía.
Contra prepotencia militar, Vietnam.
Contra la verbosidad y el costumbrismo, Juan Rulfo.
Contra Guayasamines y Dalís, pintura.
Contra la servidumbre, Henry David Thoreau.
Contra el dogma, flores de acracia.
Contra el canibalismo imperante, Lu Hsun.
Contra la música militar, Benny Moré.
Contra los himnos patrios, un baile cimarrón.
Contra el narrador farragoso, Slawomir Mrozek.
Contra falsos vitalismos, Lao Tse.
Contra los cortesanos, cera en los oídos.
Contra el neorriquismo de los falsos poetas, agua bendita.
Contra la pereza, lujuria.
Contra el ocio patronal, el ocio creativo.
Contra la usura, el poema sin pago revertido.
Contra la peste de la obediencia, grajeas de Thoreau.
Contra el realismo literario, grajeas de Kafka.
Contra la vileza del nazismo, grajeas de Paul Celan.
Contra la miseria humana, René Char.
Contra la banalidad de Andy Warhol, sopas de verdad.
Contra la platitud del mundo, Franz Kafka.
Contra los idiotas nacionalismos, la bandera del aire.
Contra la solemnidad, la mosca en la nariz del orador.
Contra los vendedores de humo, gotas amargas de Cioran.
Contra falsos lirismos telúricos, César Vallejo.
Contra los que “borran de la historia que Sócrates bailaba”, un danzón.
Contra enlatados fílmicos, Federico Fellini.
Contra la publicidad, el amor.
Contra el vacío, “Una velada con monsieur Teste”.
Contra el clero, el de Asís que vestía con sedas al leproso.
Contra “Desideratas”, “Cambalache”.
Contra la sacarina sentimental, Juan Carlos Onetti.
Contra los traidores y traidoras, un desprecio sin fondo.
Contra el apartheid, un rock en Wembley para Mandela.
Contra la mansedumbre canina, el tigre de Blake.
Contra lo imposible, el “nonsense” carroliano.
Contracorriente, el “Manifiesto de los jóvenes iracundos” ingleses.
Contra lo gregario, el “outsider”, figura escasa de nuestro tiempo.
Contra la inmovilidad, “la prosa del transiberiano”.
Contra los Salieris de turno, esconde tu ángel bajo el piano.
Contra quien cubre con ceniza tu puerta, una puerta en sus cenizas.
Contra los que esconden sus colmillos, racimos de ajo.
Contra la sonrisa del Tartufo, la mueca del incrédulo.
Contra el esperanto del dogma, la duda en todos los idiomas.
Contra el racismo, saber que si la luna es blanca la dignidad es negra.
Contra los gestos de arrogancia, un bastonazo de Charlot.
Contra la arrogancia de Alguien, el desprecio de Nadie.
Contra la pared estamos todos en medio de esta pandémica espera.
¿Y las más constantes filias? Con el humor negro, que debe ser el de Dios, de lo contrario no hubiera creado al hombre. Con el silencio, porque si “en el principio fue el verbo”, antes del principio fue el silencio. Como este que recorre mi calle.
(Fotografía de un mago: Federico Fellini).


X